Esta santa cruz
Esta santa cruz / La Provincia
La élite política –profesionalizada– y el ronroneo de los medios de comunicación insisten en articular la identidad local sobre las fiestas. Poniendo el ejemplo de la ciudad en la que puedo decir, –con cierta exageración– que vivo, Santa Cruz de Tenerife, toda la comprensión de sí misma la practica a través de fiestas. No es que a los chicharreros les encanten las fiestas; más bien parece que las fiestas representan un clavo ardiente al que agarrarse para anestesiarse: una ciudad atlántica que no gusta del mar, que carece de casco histórico y que exige para pasearla un espíritu de sherpa. Santa Cruz siempre ha sido –con brevísimas interrupciones– un muermo y buena parte de su mundo civil –comerciantes que quieren todo cerrado los domingos, funcionarios celosos de su grandeza de trienios, jubilados que no toleran oír otro ruido que sus estertores finales– anhelan que siga siendo un muermo en los siglos venideros. Se toleran las fiestas porque las nuestras son pacíficas y sin riesgos y........
