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Bromas internas

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05.09.2026

Escritura a mano. / Shutterstock

Alguna vez, dando algún taller de escritura, he propuesto esta premisa para escribir un texto: vamos a escribir algo que no entienda nadie. Pueden abordarlo desde donde quieran, buscar el tipo de no entendimiento que les apetezca. El ejercicio suele funcionar, pues arrancar el entendimiento como centro absoluto de cualquier cosa suele hacer que pongamos el foco en otras cuestiones que antes pasaban desapercibidas: las sensaciones físicas que vamos generando, la sonoridad, el tono, el lenguaje, el ambiente… También funciona porque la escritura se vuelve entonces de pronto algo solo para nosotres, no es necesario ya sacar las arruguitas de nuestro mundo y traducirlas para que le otre pueda encontrárselas de forma nítida y nada brumosa. Es como si cada cabeza fuera una lengua distinta y la búsqueda de comunicación clara nos hiciera darnos golpes en las sienes para ver si cuela nuestra idea en una lengua común. Y de pronto, no buscar traducir sino comunicar inclaramente (extrañamente, deotraformamente) nos coloca en un espacio en el que sí que podemos hablar esa lengua propia y qué encontraremos ahí.

¿De qué está hecha esa lengua propia? De........

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