Tener carisma en un mundo individualista
Llegué a mi columna 100. Volví a leer varias que publiqué desde el 2022 y confirmé algo que sospechaba: la mayoría de mis batallas de opinión no han sido con personas, sino con palabras y la manera en la que las usamos a conveniencia.
“Es una candidata muy carismática”, dicen en los concursos de belleza. “Es un candidato carismático que mueve masas”, repiten algunos periodistas sobre cualquier político ambicioso. El carisma queda reducido a una tuerca de un ensamble desconocido y cuyo juicio es absolutamente variable.
El problema no es el concurso ni las elecciones. El lío es lo que dejamos afuera cuando usamos así la palabra, porque el carisma, reducido a un atributo ornamental, pierde su espesor ético, relacional y humano.
Tal vez el mayor daño que le hemos hecho al carisma no es desacreditarlo, sino confundirlo. Lo hemos mezclado con simpatía, extroversión o........
