Acoso laboral entre mujeres
Fanny Bernal Orozco * liberia53@hotmail.com
Cuando se habla o escucha acerca de acoso laboral, se asocia generalmente con actos, palabras, decisiones y múltiples expresiones verbales o encubiertas en las relaciones jerárquicas o desiguales de hombres respecto a las mujeres, produciendo profundas alteraciones emocionales y psicológicas, las cuales pueden terminar en diagnósticos que dan cuenta de afectaciones en la salud mental.
Esta imagen invisibiliza otra realidad: la presencia de este maltrato y abuso entre mujeres, en diversos ámbitos laborales, familiares, estudiantiles y sociales. Según el Ministerio de Justicia, esta situación se tipifica como:
“Acoso horizontal o vertical entre pares de género; es una forma de violencia que busca la exclusión, intimidación o humillación, de una trabajadora por parte de otra u otras, utilizando conductas sistemáticas, descalificaciones, sabotaje o exclusión social”.
Develar esta situación, invita a la reflexión y comprensión de tres situaciones: por una parte, respecto a la distorsión e inadecuado entendimiento sobre la solidaridad de género, al considerarla como un sentimiento innato y presente en el ADN de las mujeres.
De otro lado, el señalamiento de actuaciones y estilos de relación entre mujeres, en estructuras jerárquicas de poder, que las predispone para ejercer estrategias de descalificación, menosprecio y desplazamiento de culpabilidades, sobre otras mujeres y de esta manera, afirmar su propio poder.
Y finalmente, sin desconocer la condición histórica y cultural de subordinación y exclusión que ha tenido la mujer, la realidad del acoso y la violencia laboral que viven muchas mujeres desde otras mujeres, hay que reconocerla como un indicador de deshumanización.
Paradójicamente, las mujeres encarnadas o corporizadas en la estructura de poder ven en mujeres que resisten y enfrentan la violencia y acoso laboral o social, como una amenaza que hay que desaparecer, por esto, las someten a la incertidumbre de perder la estabilidad laboral y recurren a la ficción institucional de incompetencia e incapacidad de vivir en ‘un sano ambiente de convivencia’, por ser problemáticas y dañar la imagen institucional.
Aprender a conocer y reconocer las emociones que emergen del acoso y pedir apoyo de manera oportuna, es una estrategia de afrontamiento que puede ser de gran ayuda para rebajar la presión y el estrés laboral. Es necesario romper el silencio que cobija el sufrimiento, ya que este empodera y persuade aún más a quién acosa e incrementa el maltrato. Generar miedo es un recurso de quién maltrata para mantener una respuesta dócil y sumisa.
Teniendo en cuenta lo anterior, es necesario darse cuenta del papel que juegan las emociones en las relaciones laborales; tareas que en muchas entidades son asignaturas pendientes, en tanto algunas personas le apuestan a incrementar y fortalecer diversas áreas de formación académica y profesional y dejan lo emocional a un lado, como si este no fuera precisamente uno de los nudos que hay que desatar cuando suceden situaciones de acoso laboral.
Humanizar las relaciones laborales, es asumir actitudes éticas que se reflejan en los valores que se viven en la cotidianidad, como esencia fundamental de los derechos humanos, esta no puede ser una tarea pendiente.
* Psicóloga - Docente de la Universidad de Manizales.
www.fannybernalorozco.com
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