Una visita que deja preguntas
Hay algo que siempre llama la atención cuando un papa visita un país. Si llega un presidente o un líder mundial, lo reciben las autoridades y una pequeña comitiva oficial. Pero cuando llega un papa ocurre algo distinto: multitudes enteras quieren verlo, escucharlo y estar cerca de él durante horas. Lo más sorprendente es que no llega a ofrecer dinero, poder ni una vida más fácil; muchas veces llega a decir, precisamente, aquello que exige lo mejor de nuestra condición humana.
La reciente visita del papa, León XIV, a Francia vuelve a plantear esa pregunta. En un país con una profunda tradición de laicidad -entendida como la estricta separación entre el Estado y la religión en la esfera pública-, las imágenes que deja su paso van mucho más allá del protocolo: jóvenes reunidos para escucharlo, personas confesándose en plena calle, una niña de 13 años cantando ante él, multitudes en Lourdes y un papa dialogando con las autoridades sobre la dignidad humana, la paz y la esperanza.........
