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Ramón Escovar León: Afiuni y la justicia después del miedo

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11.08.2026

“Esa jueza tiene que estar en la cárcel, con todos sus derechos. Tiene que pagar con todo el rigor de la ley lo que ha hecho y cualquier otro juez que se le ocurra hacer eso”. Son palabras de Hugo Chávez, pronunciadas en una alocución presidencial en diciembre de 2009 al referirse a la jueza María Lourdes Afiuni.

Leídas casi diecisiete años después, aquellas palabras explican mejor que muchas teorías lo que ocurrió con la independencia judicial en Venezuela. Contenían, además, una advertencia que trascendía a Afiuni, porque iba dirigida a “cualquier otro juez que se le ocurra hacer eso”. Chávez no hablaba solamente de María Lourdes Afiuni, sino de todos los jueces venezolanos. El mensaje era inequívoco: una decisión judicial contraria a la voluntad del poder tendría consecuencias personales para quien la pronunciara. Así nació el “efecto Afiuni”, ampliamente documentado en el foro venezolano.

La Academia de Ciencias Políticas y Sociales describió en 2019 ese fenómeno como un efecto “inhibitorio y de sujeción” sobre el resto del Poder Judicial y denunció la utilización del sistema judicial como instrumento de “amenaza, persecución y castigo” contra quienes disentían o contra los funcionarios que no cumplían órdenes provenientes del poder. El caso Afiuni permite así comprender cómo se consolida el sometimiento de la justicia. No es necesario ordenar a cada juez cómo debe sentenciar; basta castigar ejemplarmente al que se atreve a decidir contra la voluntad del poder.

Las palabras de Chávez revelaban, además, una concepción militarizada del ejercicio del poder: la idea de que la autoridad superior imparte órdenes y quien se aparta de ellas debe ser sancionado. Sin embargo, el Poder Judicial no forma parte de un cuartel ni funciona conforme a una cadena de mando. Los jueces no son subordinados del presidente de la República ni reciben órdenes suyas, pues están sujetos únicamente a la Constitución, a la ley y a los tratados internacionales.

Vale la pena recordar sucintamente lo ocurrido. El 10 de diciembre de 2009,........

© La Patilla