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El grillete de Perkins Rocha, por Ramón Escovar León

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17.03.2026

En Pedro Páramo, la novela de Juan Rulfo, el narrador llega a un pueblo donde las voces parecen venir de otra parte. Los habitantes hablan de deudas, agravios y leyes, pero todo suena como un murmullo lejano. Las palabras siguen circulando, pero han perdido su fuerza. En Comala las normas existen, pero ya no gobiernan la vida: se repiten como ecos en un lugar donde la autoridad se ha vuelto fantasmal. Algo parecido ocurre cuando el derecho deja de cumplir su función esencial: poner límites.

Toda sociedad necesita un equilibrio entre la energía de la política y la forma de las instituciones. La política moviliza pasiones, crea bandos y empuja los acontecimientos históricos. Las instituciones —en cambio— transforman ese conflicto en reglas, procedimientos y garantías. Cuando ese equilibrio se rompe, la fuerza comienza a desbordar la forma. El derecho deja entonces de ser un límite a los abusos y pasa a convertirse en un instrumento del poder. Y eso lo conocemos muy bien los venezolanos.

La Venezuela contemporánea ofrece un ejemplo dramático de ese desequilibrio. Durante años la política se ha organizado alrededor de la lógica del conflicto schmittiano amigo-enemigo, mientras las instituciones que deberían contener ese enfrentamiento han sido progresivamente absorbidas por el fanatismo ideológico y el sectarismo político.

El caso del abogado y profesor universitario Perkins Rocha ilustra con claridad esta fractura. Su situación judicial muestra hasta qué punto el derecho puede dejar de ser un instrumento para ordenar el conflicto político y convertirse, por el contrario, en uno de sus motores.........

© La Patilla