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Antonio de la Cruz: La arquitectura invisible del poder

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06.05.2026

Por años, el análisis del sector petrolero venezolano ha estado atrapado en una premisa equivocada: que el poder reside en los barriles. Esta idea, heredada de una lógica industrial del siglo XX, resulta hoy insuficiente para explicar la dinámica real de un sistema que ha mutado silenciosamente. En la Venezuela contemporánea, el petróleo sigue siendo central, pero ya no es el eje del poder. El verdadero control se ha desplazado hacia un terreno menos visible: la validación legal, el flujo financiero y la arquitectura institucional que los sostiene.

Este cambio no es accidental. Es el resultado de una transformación deliberada, en la que el Estado, presionado por sanciones, aislamiento y restricciones operativas, ha reconfigurado su forma de ejercer poder. No mediante la apertura, sino a través de una opacidad funcional que, lejos de ser caótica, responde a una lógica precisa.

El fin del paradigma extractivo

Tradicionalmente, los sistemas petroleros se analizaban en términos de capacidad productiva: reservas, infraestructura, inversión. Pero en el caso venezolano, esa lógica ha sido superada por una realidad más compleja. Hoy, el acceso al sistema no depende de la capacidad técnica para extraer crudo, sino de la posibilidad de operar dentro de un marco legal fragmentado y condicionado externamente.

Las licencias emitidas por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) han redefinido el campo de juego. Estas no solo autorizan o restringen operaciones; en la práctica, determinan quién puede participar, bajo qué condiciones y con qué grado de seguridad. El resultado es una forma de soberanía........

© La Patilla