menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Orlando Viera-Blanco: En el banquillo de la historia [III]

22 0
01.09.2026

Homenaje a Francisco Herrera Luque y Mariana Herrera Terán

Ahí tienes la respuesta Orlando, interrumpe Mariana con voz firme y frente en alto. “Los venezolanos somos un misterio continuo, una hermosa acumulación latente y trepidante, de disputa y nobleza, ofensa y perdón, violencia y redención, honor y refriega. Pero al final basta un gesto para bajar la mirada y estrechar la mano.. y compartir un café, una chica o un papelón en sana paz”

Releer a Francisco Herrera Luque revela un método de investigación único. Una dinámica que va más allá de la prueba documental. Es la historiografía hecha por sus propios protagonistas, la que nace del oído, los ojos y la palabra de quienes vivieron y sintieron los hechos en carne propia.

En nuestro tributo a Francisco Herrera Luque, a Mariana su niña consentida y a todos sus hermanos: Francisco, Bernardo, Juan Manuel, Martín y a su hermosa esposa, María Margarita Terán Austria de Herrera, he querido contarles su historia, no la leída en sus textos sino la vivida por sus hijos, sus amigos y personajes en su propia casa.

Tengo el honor de haber vivido muy cerca su obra, 16 libros plenos de pasión, precedidos de maratónicas lecturas y vivencias, plasmados con incansable destreza en el papel, en tiempos que no existía ni ordenador ni internet. Un mérito sin igual.

Conversar con Mariana no termina con esta “fábula”. Su legado, su belleza hecha hábitos y movimiento, el amor de un padre por sus muchachos y de ella por los suyos, seguirá plasmado en su fascinación por Venezuela, su pueblo, su mezcla, su linaje, su musa. Una historia que sigue porque no pierde vigencia.

Gracias a los Herrera Luque Terán Austria por tanto. Huella perenne de gentilicio, impronta imborrable de silencio, cuya presencia y ausencia a la vez, nos delata y nos responde por qué somos como somos.

La República y los caudillos de dos colores.

Toca conversar ahora con mantuanos—algunos de dos colores—blancos criollos, pardos y guerreros. Los invito a la mesa: han llegado Simón Bolívar, Manuel Piar, José Tomás Boves, José Antonio Páez, Antonio Guzmán Blanco y Juan Vicente Gómez. Faltan algunos reyes de la baraja.

Señores, les comento iniciando la tertulia:

—Agradeciendo a Mariana y al Dr. Herrera Luque su hospitalidad en la paz de su hogar, hay preguntas que Venezuela todavía no ha terminado de hacerse. No quiero un tribunal de héroes ni una galería de santos. Quiero algo más incómodo: escuchar a los hombres que hicieron la república discutir entre ellos.

—Orlando el honrado soy yo, me responde el Dr. Herrera. Has convocado a casa a la Venezuela entera. Porque este país no se entiende por sus héroes aislados sino por sus contradicciones. Bolívar—serio y conspicuo—interviene.

—El país debe entenderse por sus triunfos y por sus derrotas. Herrera replica: —No olvide, sus instituciones.

Sin haber dicho el orden del día, ya la reunión se me va de las manos. Bolívar le riposta:

—No las olvido. Le toca a Usted ilustrarlas como hombre de ciencias, a mí me corresponde consolidarlas como hombre de dificultades…Y le dice Piar: —¿Y los hombres que fueron sacrificados para que otros pudieran llamarse fundadores? Páez no se queda atrás:

—¿Y los llaneros que hicieron posible muchas de esas victorias? Boves arremete: —¿Y por aquellos que nunca sintieron que la República fuese suya? GÓMEZ—de golpe—baja su tasa, lo cual me alarma al ver que un hombre que poco habla, se aliste: —¿Y quiénes después tuvieron que imponer el orden sobre las ruinas?

Guzmán Blanco, quien ya estaba incómodo por no estar sentado en una esquina, dice frotando las palma [finamente]:

—¿¡Y quienes modernizamos y recogimos los trazos de lo que los guerreros dejaron atrás!?

La cosa comenzó fogosa. El asunto dejó de ser un banquillo ordenado. Mariana nos interrumpe:

—Disculpen pero están llegando otros invitados: Sucre, Betancourt y Bello. Los invito a pasar a la otra sala para acomodarnos mejor[…] Al percatarme que estamos todos, trato de moderar el conservatorio.

—Ahora que estamos ‘más cómodos’, me gustaría reiniciar por el “último en la fila”.

—Que quiere Usted decir, me increpa Bello con determinación.

—Disculpe me refiero al forjador de la última república.

—¿Cuál república? Comenta Sucre, —si acaso hubo otras…Herrera voltea a ver al ‘_Rey de Oro_´, Don Rómulo Betancourt, y agrega:

—Sigamos la metodología que sugiere Orlando. De lo ocurrido antes a lo que vino después. Me gusta.

—Betancourt fue un hombre adelantado a sus tiempos. Quiso que el sistema sobreviviera al hombre y no al revés. Que la república no siguiese el camino de un reducto de personajes sino a sus instituciones. [Betancourt] tenía claro el rol del petróleo, las alianzas necesarias y los enemigos a vencer, entre ellos, la doctrina. Y pactó con la historia.

—Herrera como que es medio Adeco, susurro, pero [él] me escucha.

—Cuando Lusinchi me pidió militar en el partido, averigüe lo que le contesté. Además no soy hombre de ‘_soviets supremos’_.

Mariana interrumpe y responde:

—Papá no busca símbolos. Busca entender los hombres y modos de cambiar una época, una casta, un comportamiento.

........

© La Patilla