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Orlando Viera-Blanco: Cenando con Martín Luther King, yo tuve un sueño [II]

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12.08.2026

¿Quién se atreve con soltura decir en Venezuela qué después de más de 500 años de vida colonial, de conquista y de apariencia república, aún no hemos encontrado la verdad de nuestros desencuentros? ¿Quién es capaz de decirle al mundo que en Venezuela padecemos de un atavismo antirrepublicano que no hemos sabido redimir?

La cena transcurría en su modesta mesa lugareña. Un silencio alegórico invadía la sala a media luz. Estábamos lejos de las ruidosas las calles de Washington. Frente a mí Martin Luther King Jr. seguía pensativo, como si presintiera algo. La luz tenue apenas iluminaba su rostro, pero su mirada transmitía una serenidad difícil de explicar.

El discurso “I Have a Dream” fue pronunciado por Martin Luther King Jr., el 28 de agosto de 1963, en Washington D.C. durante la marcha por el Trabajo y la Libertad. Fue liberado desde las escalinatas del Lincoln Memorial ante una multitud de 250.000 personas. Le pedí que nos trasladáramos juntos a ese momento. Deseo comprender como un discurso puede tener tanta trascendencia en el imaginario de una nación dividida.

—Cómo viajar en el tiempo?, me pregunta el Dr. King

—Sólo cierre los ojos, y sueñe despierto, ahí volveremos.

El sueño: Washington. El sagrado monumento de Lincoln.

Habían pasado apenas unas horas desde que Martin Luther King Jr. pronunciara su famoso discurso frente al Lincoln Memorial.

—Doctor King—le pregunté—cuando dijo “I have a dream”: —¿Qué significaba realmente ese sueño para usted? King guardó silencio unos instantes.

—Significaba imaginar un país diferente. Un país donde mis hijos no fueran juzgados por el color de su piel, sino por quiénes fueran. Mi sueño era que algún día la promesa de libertad dejara de ser una promesa. Un país sin odios y sin distancias de un pasado hostil. Recordé entonces sus palabras frente a aquella multitud: “Tengo un sueño”.

—¿Pensaba que ese sueño llegaría a hacerse realidad?

—No lo sabía—respondió—Pero había que creer en él. Si no creemos que el futuro puede ser mejor, ¿cómo vamos a luchar para cambiarlo?

—¿Y sabía que este discurso sería recordado como uno de los más importantes de la historia? No olvide que la muerte es una invención del fanatismo…King sonrió.

—No vine aquí para hacer historia. Vine para hablar por quienes durante demasiado tiempo no habían sido escuchados. Después añadió: —Quizá algún día estas palabras ya no parezcan un sueño.

—¿Y sí para conseguirlo tuviera que pagar el precio más alto? Su rostro se volvió serio.

Toda lucha por la justicia tiene un precio. Sé que existen peligros. Sé que hay personas que desean que permanezcamos callados. Pero el miedo no puede decidir por nosotros. Pensé entonces en una de las frases que había pronunciado aquel día: Let freedom ring: deja que repique la libertad.

—¿Daría su vida por ese sueño? King permaneció callado.

—Espero que no sea necesario—dijo finalmente—Pero sí algún día mi vida sirve para que otros puedan vivir con más libertad, entonces habrá valido la pena. No podía saberlo aquella noche, tampoco quise anticiparlo. No podía saber que moriría asesinado el 4 de abril de 1968, apenas 4 años, 7 meses y 7 días después de aquel discurso. Tampoco podía saber que después de mi muerte, aquellas palabras seguirían recorriendo el mundo. Quizá esa sea la verdadera fuerza de un sueño: que puede sobrevivir incluso a quien tuvo el valor de pronunciarlo.

“Free at last! Free at last!........

© La Patilla