Antonio de la Cruz: Venezuela y la reconstrucción del Estado
La transición comienza cuando las instituciones vuelven a importar
Durante años, Venezuela fue interpretada como una novela. Los personajes cambiaban, los nombres se sucedían, los discursos se multiplicaban, pero el argumento permanecía intacto. Todo parecía reducirse a una pregunta: ¿quién gobernará el país cuando termine el ciclo chavista?
La pregunta era comprensible. También era equivocada.
Las sociedades suelen enamorarse de los individuos cuando en realidad dependen de las instituciones. Buscan salvadores cuando lo que necesitan son reglas. Confían en héroes cuando lo que garantiza la libertad es la existencia de límites al poder.
Por eso el hecho más importante que está ocurriendo hoy en Venezuela no es la aparición de un nuevo liderazgo ni la desaparición de uno antiguo. Es algo menos espectacular y mucho más trascendente: el debate ha comenzado a desplazarse desde los nombres propios hacia la arquitectura institucional del país.
La reciente reunión entre Dinorah Figuera y Jorge Rodríguez ha sido interpretada de múltiples maneras. Algunos han querido verla como una sustitución de liderazgos. Otros, como una derrota política de María Corina Machado. No faltan quienes la consideran una negociación convencional entre adversarios.
Sin embargo, ninguna de esas interpretaciones parece capturar lo esencial.
Lo verdaderamente relevante es que la conversación ya no gira alrededor de ministerios, cuotas de poder o repartos burocráticos. Los asuntos colocados sobre la mesa son otros: la composición del Consejo Nacional Electoral, la independencia del sistema judicial, las garantías para los derechos políticos, la libertad de expresión y las condiciones para futuras elecciones.
En otras palabras, no se está discutiendo quién ocupará la silla presidencial. Se está discutiendo cómo evitar que........
