San José, pedagogo de ilusiones…
Qué privilegio tener en la vida un compañero de viaje -como San José-, silencioso, discreto, a quien le gusta sentarse en el camino, alargar el horizonte, parar en las tiendas campesinas a tomar café y gozar con las historias viejas, o contarlas.
Cuando conversamos, en el silencio de la lectura, narra con sencillez de sabio los recuerdos del desierto, de las montañas, los ríos y mares, de la pesca en el Lago de Galilea, con una nostalgia........
