El costo oculto de la informalidad laboral
Este fin de semana decidí caminar sin afán por el centro histórico de Bogotá. No iba buscando una noticia, ni una estadística, ni siquiera una inspiración para escribir. Solo quería recorrer en compañía de mi madre, esas calles que mezclan historia, arquitectura y turismo. Sin embargo, bastaron pocos metros para comprender que el verdadero patrimonio de la ciudad no estaba únicamente en sus edificios coloniales, sino en los miles de colombianos que, con una caja de dulces en la mano o un termo de café al hombro, luchan todos los días por sobrevivir.
En menos de una hora me ofrecieron golosinas, aguas aromáticas, café, sombreros, dulces típicos, artesanías, figuras del Mundial de Fútbol, cargadores para celulares, paraguas, bolsas ecológicas y hasta libros usados. No recuerdo haber dado diez pasos seguidos sin que alguien intentara venderme algo con una sonrisa que escondía, quizás, la angustia de regresar a casa sin dinero suficiente, para alimentar a su gente que seguro lo espera en condiciones de pobreza extrema.
Entonces en mi mente inquieta apareció una pregunta inevitable: ¿estas personas hacen parte de las estadísticas del DANE? Probablemente muchas sí, porque el concepto de ocupación incluye a quienes........
