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Documentos desaparecidos e invisibles

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26.03.2026

Procesión de la Buena Muerte.

Conocí la noticia de la desaparición de varios libros de actas de la Hermandad de la Buena muerte casi por casualidad y no tengo muchos datos sobre ella. He buscado en la red y no he localizado apenas nada, indicio de que el asunto no ha tenido demasiado eco, de que no se le ha dado importancia o de que no se desea removerlo. Y eso que se dio noticia de ello en el cabildo mayor de la hermandad y a pesar de que en Zamora las cuestiones más banales sobre la Semana Santa suelen encontrar siempre voceros e incluso despertar discusiones apasionadas. Parece que en esta ocasión no ha sido así, que estamos ante un tema menor o una simple anécdota, y ello a pesar de tratarse de una pérdida patrimonial, esperemos que no definitiva, de una parte significativa del archivo de una de las cofradías señeras de la ciudad, de unos documentos clave de sus primeros años, algo que posiblemente no sucedería si lo desaparecido fuese una de sus cruces o cualquier otro objeto artístico. Al fin y al cabo, lo perdido son solo unos libros de papel y con pocos años de antigüedad, pues si tuvieran unos centenares más. o salieran en la procesión, quizás removerían más conciencias.

Y, sin embargo, no es este ante un asunto menor pues el archivo de una cofradía es la base en la que se sustenta su existencia como ente jurídico y buena parte del conocimiento que sobre ella se puede tener, además de resultar imprescindible para garantizar sus derechos, obligaciones y patrimonio. Una pérdida en el mismo supone un agujero difícil de tapar como puede observarse en cualquiera de nuestras cofradías centenarias, que los tienen, y muchos. Es por eso mismo que resulta difícil de entender la falta de noticias sobre lo acontecido, de las actuaciones realizadas para averiguar lo que ha pasado, de exigir responsabilidades e intentar su reparación. En mi caso, no voy a ir más allá de ponerlo de manifiesto y de pedir la correspondiente denuncia e investigación. Lo que más me interesa es destacar que lo ocurrido no es ninguna novedad sino un indicio del poco cuidado con el que históricamente se ha tratado el patrimonio documental de las cofradías, situación a la que cabría poner remedio exigiendo a los responsables de las mismas que tomen las medidas precisas para que esto no se repita.

Es cierto que la situación de todas las cofradías no es la misma, que algunas hasta tienen publicado su inventario y cuentan con unas instalaciones dignas para su conservación. Pero esa no es la realidad dominante, lo habitual es encontramos con documentos repartidos por sedes y casas particulares sin ningún tipo de control adecuado, ni siquiera en el que se conocía como Archivo de la Junta Pro Semana Santa, que claramente no ha cumplido su pretendida función. Es una situación que ha llevado a que algunas de las cofradías más antiguas de la ciudad tengan sus archivos notoriamente mermados y con importantes ausencias, tendencia que parece seguirse en alguna de las más modernas. Se me ocurre que las cofradías deberían plantearse cambiar esta realidad, para lo cual en primer lugar tendrían que reconocer el problema, valorar la importancia de los archivos en el funcionamiento diario y como elemento patrimonial insustituible, y consecuentemente establecer algunas medidas básicas de obligatorio cumplimiento que garantizaran su conservación y utilización. Es preciso regular claramente la responsabilidad sobre el mismo y su utilización, realizar y mantener un inventario actualizado que se comprobase formalmente al menos en el momento del traspaso de responsabilidades, garantizar que todos los documentos de la cofradía se archiven, y ubicarlo en un lugar que garantice su conservación permanente.

A pesar de las reticencias que puede despertar, me parece que lo más prudente sería depositar la documentación histórica, la que no es precisa para la labor cotidiana, en una institución a cargo de profesionales y que cuente con los medios adecuados, en el Archivo Diocesano, centro en el que ya se localizan muchos otros documentos relacionados con las mismas cofradías, y establecer un programa de reproducción de la documentación que se considere de mayor interés, garantizando así doblemente su preservación. Finalmente, debería promoverse su puesta a disposición de los interesados, a la libre consulta, fomentando la investigación sobre las cofradías, algo que se debe considerar como una auténtica necesidad. No podemos hablar constantemente de la importancia de la celebración o de la necesidad de ayudas y no poner a disposición de todos los documentos que permiten conocer cómo hemos llegado hasta donde estamos.

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