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La cara oculta de la Semana Santa

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03.04.2026

Así se hacen las garrapiñadas en Zamora / José Luis Fernández / Archivo

En plena Semana Santa, luna llena en primavera, / mandan un cohete hasta el cielo para que explore y se vea / esa cara de la luna que hasta ahora para la Tierra / ha permanecido oculta aunque de siempre existiera. / Precisamente por eso, por no verla y conocerla, / es fuente de interrogantes y puede que agua contenga / para mantener la vida en caso de que las guerras / amenacen como lo hacen la vida en este planeta.

No es pesimismo si pienso, así porque la violencia / de nuevo en Oriente Medio protagoniza la escena / de la actualidad. Como hace dos mil años que lo hiciera / cuando en las cruces mataban a Jesucristo en Judea. / Desde Jerusalén lanzan misiles hacia las tierras / de Palestina arrasada y otros países de frontera. / A Irán, Estados Unidos sin avisar bombardea / porque su país necesita de petróleo más reservas. / A su vez los israelíes van extendiendo fronteras, / para resorts de turismo construidos en tierra ajena.

La ciudad jura silencio: "Señor, germinan las guerras" / -Luis Felipe en su plegaria al Cristo denuncia y cuenta. / Hasta el Papa lo defiende, luego no es irreverencia, / estos días que Zamora pasión de Cristo recuerda, / la paz de Cristo proclama y clama contra la guerra.

En Jerusalén mataban, pero sin quebrar las piernas, / a Jesús que con palabras y con hechos paz trajera: / "Paz os doy y paz os dejo" -les dijo en la última cena / a los amigos que entonces despedía con tristeza. / Palabras que con respeto hoy transcribo: ¡No a la guerra!

De otras cosas que la luna llena y semanasantera / no oculta pero se olvida de agradecer cual debiera. / De los que hacen la semana del dios de cosas pequeñas / (que como decía la Santa estaba entre las cazuelas) / es de lo que hoy voy a hablarles porque es justo que se vea.

Aunque el casco antiguo sea el principal escenario / los Cristos que más conmueven son los que viven en barrios. / Con símbolos de los pueblos que vienen a acompañarlos.

Nazareno de San Frontis, caída del Cristo en San Lázaro, / la buena muerte que sale desde el Espíritu Santo, / luz y vida por Pinilla y el Sepulcro desfilando, / Cristo que yace en la Lana, palabras en Barrios Bajos, / donde también desde la Horta desfila el Resucitado.

Desde el barrio de Olivares y su iglesia de San Claudio / las capas de los pastores de Aliste procesionando / traen de tierras solitarias porque se están despoblando / hasta la Semana Santa la importancia del ganado. / Igual que la borriquita que en el Domingo de Ramos / (aunque no sea zamorana la que representa el paso) / recuerdan que las ciudades no somos nada sin campo. / No en vano eligió un borrico Jesús cuando le aclamaron. / Y se rodeó de niños con las palmas que en sus manos / representan el futuro que en esta tierra negaron / a los que tuvieron que irse y a los que han regresado / para cargar en sus hombros el peso de aquellos pasos / que te alejan o te acercan para encontrar un trabajo.

La cara de las mujeres que apenas nada pintaban / pero siempre han ocupado su sitio en Semana Santa. / Mujeres que hasta el Calvario por Cristo daban la cara

Con capuchón ya desfilan, antes caras destapadas, / reivindicando derechos que hace poco les negaban. / Y en Zamora con sus manos Semana Santa horneaban / meses antes en los hornos que cuecen las aceitadas, / bollo coscarón, rebojos... "¿Por qué no garrapiñadas?" / (preguntábamos las niñas que los moldes con cuchara / sobre cientos de papeles rellenábamos de masa / que en magdalenas el horno cual milagro transformaba). / "No, que las garrapiñadas las hacen en Santa Clara / y reparten los cofrades a los niños, y muchachas / para ligar cuando salen el viernes de madrugada".

A la imagen de la Virgen, Soledad, Madre, Esperanza / cuando pasa por las calles piensan y hasta llaman ¡guapa! / cuando sus rostros reflejan tristeza, dolor, confianza.

Sigo la hostelería y con las santas meriendas / que congregan a las gentes que son semanasanteras.

Como Jesús (después Cristo tras la muerte que le dieran), / antes de que los traidores y fariseos dijeran / que se decía hijo de dioses para ser jefe en Judea, / comidas de bienvenida cual si fueran Santas Cenas / reúnen a los que trabajan para que Zamora sea / lugar de encuentro de gentes que emigraron a otras tierras / porque en ésta no encontraron para llenar la despensa. / Y que cuando vuelvan tengan la buena Santa Merienda / que alimenta a los que vuelven con productos de la tierra.

Hablo de la hostelería: bares de santas meriendas, / sopas de ajo en madrugada, buen potaje de cuaresma, / vía crucis de los Herreros para atemperar las penas / y al final dos y pingada que resucita las fiestas.

Para que a los visitantes y zamoranos de diáspora / no les falte ni un recuerdo que llevarse para casa. El comercio en primavera estrena Semana santa.

Y para ellos un recuerdo de mi tiempo de la infancia. / En el Domingo de Ramos toda la gente estrenaba / la ropa de primavera aunque ésta se retardara / porque el que no estrena nada sin las manos se quedaba. / Mi madre cosía vestidos para toda la manzana / que por favor le pedían para niñas y muchachas, / para que como sus hijas todas fuéramos bien guapas. / Los zapatos de charol que a las niñas nos compraban / a todas las procesiones sin faltar acompañaban / para aumentar el cansancio de penitencia obligada. / Porque era la primavera y era la Semana santa.

Y sigo con los recuerdos que desde siempre se graban / y permanecen ocultos del año cada semana.

Pero que cuando se acerca esta Semana que es Santa / con imágenes y olores, con silencios y matracas / con música y con amigos, con recuerdos de la infancia / salen para compartirlos en las calles y en las plazas.

No había clases, vacaciones. "A,e,i,o,u" se cantaba / porque había venido el tiempo que a Jesús crucificaban. / Y aunque a los ojos de niña las lágrimas asomaban / cuando la injusticia en cruces por las calles desfilaba, / no era tiempo de tristeza el de la Semana Santa. / Pues los abuelos cada año venían desde Villada / y a veces también familias y los amigos llegaban / para conocer Zamora y nuestra santa semana: / "¡que con mucho superaba a la vallisoletana!" / (Como desde mi familia el abuelo pregonaba).

Los recuerdos de los tiempos de infancia en Semana Santa / también lo son de cansancio por las noches y mañanas / porque ver las procesiones era algo que se apostaba / todas y todos los años, aunque estuvieran lejanas / del barrio, porque a los Bloques ni una procesión llegaba.

Acabo con otras los detalles que ya no se ocultan nada / de pequeñas cosas que hacen también la Semana Santa / junto a todos los cofrades que siempre ocultan la cara:

"Cinco de copas" se llama al paso de la mañana / por las cartas o las copas que a algún cofrade acompaña / (antes la de los borrachos a la procesión llamaban). / En San martín desde hace años san botellón convocaban. / Vía crucis en los Herreros llaman a irse de parranda. / Y cromos de la Semana en Sagasta se intercambian...

Pero cuando desde lejos del Merlú suena campana / los cofrades de la acera que con pipas acompañan / la tardanza de los pasos con paciencia demostrada, / se callan con el respeto a ese hombre que pregonaba / que eran los pobres y mansos los de bienaventuranzas.

La cara oculta que existe en nuestra Semana Santa / no es de intrigas ni poderes, protagonismos ni trampas / (como tal vez por "oculta" la palabra insinuara). / Porque al barrio de los Bloques lo único que nos llegaba / era el Merlú de los viernes que a cofrades convocaba / y a los chavales del barrio a por las garrapiñadas. / Las buenas gentes que hacen la mejor Semana Santa.

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