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Lavado borbónico del 23-F

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23.03.2026

Extracto del informe de Interior sobre las posibles consecuencias de un 23F exitoso / EL PERIÓDICO

Bienvenidos sean los documentos del 23-F tras una ocultación de 45 años. Esa inaceptable demora es la prueba que no somos un estado democrático y que sólo empezaremos a parecerlo cuando elijamos al Jefe del Estado y sea verdad que "somos iguales ante la ley" (art. 14 CE78), porque no lo somos. Esa elección es una condición necesaria, aunque no sea suficiente.

Se nos dijo que Juan Carlos I y su constitución franquista sería un tránsito a la democracia, pero no hubo solución de continuidad jurídica con el régimen. Se "montó" una dictablanda monárquica hereditaria. Y se nos sigue lavando el cerebro para que traguemos al siguiente Jefe del Estado tan heredera de Franco como su padre.

Muchos "tertulianos" pontifican sobre estos papeles. El más sensato ha sido profesor Casanova, un historiador de alta reputación: "ahora es el tiempo para que los historiadores logren descubrir la verdad" partiendo de datos parcialmente falsos pues se han destruido muchos antes, durante y después del golpe.

Los datos prehistóricos, por no escritos, son difíciles de interpretar; los históricos también, pero unos por su pérdida/desaparición o por su falsedad. Lo que ocurrió de verdad lo saben los autores y los cómplices. Los muertos ya no pueden contarlo; los aún vivos no lo quieren contar. Los mayores tenemos la memoria histórica personal, aunque incompleta. A los historiadores les queda pues su propia memoria y la información que obtengan de fuentes españolas o no y de participantes en los hechos o no. Ellas podrán validar o rechazar las mentiras de los interesados en ocultar la verdad.

Con Franco aprendimos a leer entre líneas a los pocos periodistas que nos querían informar. Los romanos decían "ex abundatia cordis loquitur os" (de la abundancia del corazón habla la boca). Su versión popular es "por la boca muere el pez" porque hasta a quien nos quiere engañar se le escapa su verdadera intención cuando habla. Veamos qué dijo Juan Carlos I al día siguiente del 23-F.

"Al dirigirme a todos los españoles con brevedad y concisión en las circunstancias extraordinarias que en estos momentos estamos viviendo, pido a todos la mayor serenidad y confianza y les hago saber que he cursado a los Capitanes Generales de las regiones militares, zonas marítimas y regiones aéreas la orden siguiente: Ante la situación creada por los sucesos desarrollados en el palacio del Congreso, y para evitar cualquier posible confusión, confirmo que he ordenado a las autoridades civiles y a la Junta de Jefes del Estado Mayor que tomen las medidas necesarias para mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente. Cualquier medida de carácter militar que, en su caso, hubiera de tomarse deberá contar con la aprobación de la Junta de Jefes del Estado Mayor. La Corona, símbolo de la permanencia y unidad de la Patria, no puede tolerar en forma alguna acciones o actitudes de personas que pretendan interrumpir por la fuerza el proceso democrático que la Constitución votada por el pueblo español determinó en su día a través de referéndum".

Se disculpa por la "brevedad y concisión", pero no por su inexplicable demora. Que la televisión es "lenta" es una disculpa falsa. Cuesta más editar un periódico, pero a la una había ya una edición especial de EL País; y sobre todo la radio es casi inmediata y hasta cerca de las ocho los golpistas no ocuparon Radio Nacional. Juan Carlos I de Franco estuvo callado durante seis horas. El texto califica al Golpe de Estado de "circunstancia extraordinaria" y dice que son "momentos que estamos viviendo". Se trataba de otra cosa: "de volver a vivir" las "circunstancias extraordinarias" de 1936 a 1975.

Los datos prehistóricos al no estar escritos son difíciles de interpretar; los históricos también porque muchos se han perdido y otros falsean la historia. Lo que ocurrió el 23-F lo saben los autores y los cómplices. Los demás tenemos una memoria histórica personal, aunque incompleta. Los historiadores tienen su memoria y la información de fuentes españolas y de los participantes en los hechos frente a los profesionales del engaño.

Juan Carlos I añade: "cualquier medida de carácter militar que, en su caso, hubiera de tomarse deberá contar con la aprobación de la Junta de Jefes del Estado" aunque la tarea de "las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional" (art. 8.1CE78). Olvidó al parecer que "la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado" (art. 1.2CE78). Secuestrado el Parlamento y el Gobierno el mando pasa al Gobierno en funciones de los Secretarios de Estado, no la Junta de Jefes de Estado Mayor.

Pero lo más sorprendente del discurso es que ha desaprecido la última frase: "ahora ya no me puedo volver atrás". ¿Cuánto había ido adelante? ¿Quién la ha hecho desaparecer?

Mucho trabajo le queda por hacer a los buenos historiadores. ¡Dense prisa!

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