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La sencilla alegría de vivir

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01.05.2026

La sencilla alegría de vivir / L.O.

Juan y yo nos llevamos seis meses y en, no mucho tiempo, vamos a cumplir setenta años. Nos conocimos hace cincuenta y cinco poniendo música en el Casino de Manolo y fumando Lark. Los cigarrillos de Lark eran extraordinarios, un lujo exquisito. Eran los más caros y los que más prestigio tenían. En aquella época, fumar suponía una pequeña ceremonia de rebeldía y arrogancia. Sacabas el paquete del bolsillo de tu camisa y ya, en ese instante, ocurría algo muy chulo, el mundo y tú os volvíais más interesantes. Eso sentías.

Una belleza sofisticada

En aquellos cigarrillos había una belleza sofisticada, de flamante diseño. Las boquillas doradas tenían un estigma de modernidad y las de Lark nos fascinaban porque guardaban en su interior un corazón oscuro, unos pequeños cilindros como semillas de carbón que parecían traídos de una película de extraterrestres. No sabíamos explicarlo, pero fumar aquello no era lo mismo que fumar otra cosa. Había como una inteligencia escondida en ese filtro, era un artificio delicado, como una ilusión de pureza. Encendías uno y, en ese instante exacto, parecías saber de qué servía estar vivo.

El humo filtrado por el carbón de la boquilla no resultaba tan ‘violento’ como el de otros cigarrillos. Era un humo ‘educado’, poseía un aroma dulzón y, sin darte cuenta, empezabas a fumar más despacio, con elegancia, como si el propio cigarrillo te enseñara a saber estar en el mundo y a demorarte en la vida.

¡Qué bien........

© La Opinión de Murcia