Cómo hemos cambiado
Calzados Las Dos Banderas, antiguo comercio en Murcia. / Archivo TLM
Aquí lo único que no cambia es la cara de la estatua del Cardenal Belluga en la Glorieta, obra del genial escultor Juan González Moreno. Aunque en cierta ocasión la cubrieran para celebrar la misa de clausura de las Misiones del Padre Rodríguez, que ofició el obispo don Ramón Sanahuja y Marcé.
Mañana todos seremos "estatuas", esa es la única verdad. Mientras tanto, nos vemos sometidos a los cambios de modas y estilos de vida. Ahora, cuando todo se ha vuelto impersonal, egoísta y crematístico.
Nos echamos las manos a la cabeza por los precios de los combustibles, ahora que se coge el coche absolutamente para todo y el queroseno tiene fecha de caducidad para los aviones que nos llevarán de viaje a países recónditos, aunque no conozcamos Toledo ni Ciudad Real. Todo ello, como siempre, debido a las guerras y a los odios tan humanos.
El comercio se hace online, está al orden del día por precio y el personal se vuelve loco por él, aunque compremos un pantalón y nos manden un refajo de fallera, decimos: "Era tan barato…".
Se ha perdido lo entrañable, lo familiar, lo nuestro. El pequeño comercio, el tradicional, se muere ante la competencia brutal del comercio por internet y de las grandes cadenas de almacenes y supermercados, amos del cotarro mercantil.
Recuerdo aquella anécdota de hace mucho tiempo, en la Murcia del siglo pasado. Una madre mandó al retoño a comprar morcillas a una carnicería del barrio: «Dile que te dé las morcillas bien calientes». La criatura corrió a hacer el recado y le dijo al carnicero: "Me ha dicho mi madre que me dé morcillas bien calientes". A lo que el carnicero respondió: "Como no te las caliente a follonazos…». Es una anécdota escatológica de otro tiempo, cuando los vecinos y comerciantes eran como familiares, compañeros de camino en la vida.
Hay que recordar aquellos comercios habituales de una Murcia que poco a poco va mudando su piel. Volver a ver en la memoria a los esforzados dependientes vestidos de chaqueta y corbata, que mostraban a la puerta de los establecimientos el color de las piezas de tela iluminadas por el sol. A tiendas exclusivas como Roger o la Camisería Zamora, que permitían probarse en casa la ropa (hoy sería impensable). Comprar cigarrillos sueltos en el quiosco de Isidro en la plaza de Santo Domingo. Adquirir pinceles y material de Bellas Artes en la Droguería de Pedro Medina, en la calle de la Platería, o tal vez el último modelo de máquina fotográfica y sus carretes en la droguería de Juan Orenes en la calle de Verónicas. En la misma calle se compraba cera "colorá" para el pavimento del porche de la casa, azulete o "blanco España" en la Droguería Montoro.
Mercería Parra. / Archivo TLM
El misticismo y la religiosidad encontraba su paraíso en la ‘Librería Católica’ en la calle de la Sociedad: el Catecismo del Padre Ripalda, rosarios de palo de rosa y misalitos Regina se encontraban entre sus artículos más demandados.
‘Amorós’, ‘Mercería Parra’, los sombreros de ‘Belmar’, ‘La Saldadora’, ‘El Trust de la Medias’, ‘La Bola de Oro’. Los botones, las puntillas y el obligado velo para la misa en ‘Antonio Zamora’. Los recordatorios de Comunión, las participaciones de boda, de defunción y las tarjetas de visita en ‘Nogués’, ‘Librería Almela’ o la ‘Imprenta Guirao’. Qué decir de los zapatos ‘Gorila’ con su inseparable pelotita verde, de ‘Las Dos Banderas’, que hacía las delicias de niños y niñas: zapatos para todo el curso escolar, y puede que también para el siguiente. Las bragas de talle alto ‘Renata’ en el ‘Blanco y Negro’, donde trabajó de mozo el famoso actor murciano Antonio Martínez Muñoz, conocido también en el ambiente teatral como Antonio ‘MM’.
Calle de la Sociedad. / Archivo TLM
Guardapolvos, trapos de cocina en ‘Los Portales’; el bolso y la maleta en ‘López Jiménez’; el trajecito de Comunión en ‘Isidro Juan’ o en ‘Confecciones Pedreño’ (tenían trajes incluso de almirante con chorreras incluidas). No me dejaré en tintero los juguetes del ‘Bazar Murciano’ y toda la gama de artículos que ofrecía ‘La Alegría de la Huerta’ y ‘Almacenes Coy’.
Los viajeros de entonces se equipaban, en previsión del frío de otros países, con largos calzoncillos de felpa en la ‘Mercería Fajes’. Escritores y escribientes encontraban sus estilográficas en ‘López’, con llamativo rótulo en la Platería. Los más pudientes visitaban la joyería de ‘Torres Gascón’ y las cadenitas y escapularios para el nene y la nena en las joyerías ‘Reverte’ o ‘Alguacil’.
Sí hemos cambiado, sí. Franquicias y rótulos en inglés que anuncian hamburguesa por doquier. Lo nuestro, lo de aquí queda para la memoria de un tiempo que, por modesto, nos hizo felices.
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