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Seis años de la pesadilla

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15.03.2026

Una calle del centro de Cartagena, vacía durante el confinamiento / Iván Urquízar

Dice el refranero popular español “que es de bien nacido ser agradecido”, así que los primeros que vienen a mi memoria y quiero acordarme en el sexto aniversario del confinamiento que nos marcó a todos, donde descubrimos nuestra vulnerabilidad como seres humanos, es de aquellas personas que tuvieron que bajarse de la vida antes de tiempo y en soledad.

Cuando comienzo a desenterrar la memoria, empiezan a aparecer aquellos dirigentes políticos que tuvieron que dirigir un país en medio de la selva y la oscuridad. Hoy sabemos que había miserables sin escrúpulos que aprovecharon nuestros miedos y nuestros muertos para hacerse asquerosamente ricos e indecentes.

El hermano de Ayuso, su novio, Ábalos, Koldo, el señorito Marqués y otros sinvergüenzas llenaron sus bolsillos mientras nosotros enterrábamos a nuestros seres queridos a la distancia por miedo a contagiarse.

Y también empiezan a asomar en mis recuerdos a los dirigentes sanitarios murcianos, que el tiempo ha venido a darles la razón, y cuya gestión salvó a miles de paisanos, y como premio los pusimos en medio de la plaza pública a apalearlos sin tan siquiera un juicio justo. Una jauría humana y comunicativa, ciega y con sed de que alguien pagará nuestras frustraciones, saltó sobre ellos como los buitres y las hienas hacen sobre los animales ya muertos.

Ahora, seis años después, no somos mejores sanitariamente hablando, la sanidad pública sigue perdiendo peso en favor de la privada, la violencia sobre el personal sanitario sigue aumentando y el compromiso con la sanidad pública sigue desapareciendo.

Apenas nadie habla de aquellos difíciles años, no hay memoria, no hay recuerdos y sobre todo no hay paz, ya que seis años después seguimos hablando de los muertos en las residencias madrileñas, las inversiones en investigación han vuelto a su cotidianidad, y seguimos castigando a quienes dieron lo mejor de si mismos para intentar que todos llegáramos a buen puerto con el menor número de bajas.

Seis años de un confinamiento del que cuando echamos la vista atrás, la pregunta que nos hacíamos sobre si saldríamos mejor o peor, ya tiene respuesta.

Hasta Trump, que recomendaba beber lejía para combatir el Covid, ha vuelto al poder, ha nombrado a un negacionista Secretario de Estado de Salud, se ha cargado al Comité Científico estadounidense, y ahora sigue empeñado en provocar la tercera guerra mundial

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