Magnatentados
EE.UU. es un país que siente cierta inclinación a matar a sus presidentes. En su corta historia, de cinco dianas solo ha fallado una: la de Reagan, que escapó por los pelos. Pero hicieron un pleno en Lincoln, Garfield, Mckinley y Kennedy, como con su hermano Róbert de aspirante… Por eso resulta un tanto extraño que con Trump hayan marrado tres de tres. Y no es que yo quiera que lo maten, que eso solo vale para fabricar mártires, ni mucho menos. Lo que a mí me gustaría es que lo destituyesen, fuera juzgado por el Tribunal Internacional de La Haya, le hicieran devolver todo lo que ha rapiñado a través de su clan familiar y de amiguetes, y lo devuelvan a la calle con lo puesto. Pero, en absoluto matarlo, como él hace con los indefensos. No señor, que viva en un barrio de inmigrantes.
Pero me sigue llamando la atención que, cada vez que registra un bajón en su popularidad, haya habido un intento de magnicidio, que le sirve para activar a los suyos mediante el recurso patriota-víctima; y que los dispositivos de seguridad hallan “fallado” tan estrepitosamente… hasta cierto punto, claro, en una concatenación de errores calculados en la seguridad y vigilancia del presidente. Los tres casos los califican los expertos de “incomprensibles”, pero en los tres casos se han dado los mismos, y eso da qué pensar. O son unos absolutos ineptos, o repiten el mismo montaje de la misma burda trama.
En esta última ocasión, no ha perdido tiempo en largar a los cuatro vientos que “es un atentado contra los cristianos”… Lo que yo dudo, y mucho, es que él sea cristiano,........
