La otra cara
Varios agentes de Policía Nacional controlan a los migrantes en la playa de Trampolín de Ceuta / Marcos Moreno/EFE
Llevo escrito tres o cuatro artículos sobre el asunto de Ceuta, y quizá deba ser el momento de parar… Todo tsunami, al final, tiene sus secuelas, y éste traerá su cola también. Ya lo veremos. Sin embargo, tanto los medios como los comentaristas de mesatertulianos, tantos como cadenas de televisión hay, se han (nos hemos) cebado con la cuestión sociopolítica, y con todos y cada uno de los que conforman esa triste, e infausta por impotente, fauna de políticos en activo, pero hemos ido dejando de lado, deliberadamente o no, el aspecto humanitario de la cuestión.
Porque humanidad es tanto los que allí residen como los que por allí vagan errantes, o están confinados en improvisados campamentos insalubres, en situación de ser devueltos… Los segundos, aún sin proponérselo, aportan miedo e inseguridad a los primeros, y eso se puede llegar a entender. Ni yo, ni nadie de los que hurgamos en esto, podríamos asegurar lo que haríamos cada cual si nos viéramos con hambre y rechazados, y perseguidos como animales. Lo que pasa es que no nos ponemos en ningún pellejo más desgraciado que el nuestro; como tampoco en los motivos que les empujan a hacer lo que han hecho. Ese es el aspecto humano al que me refiero, y que no deberíamos pasar por alto ante nuestra indignación por lo que menos dignidad tiene.
Pero nadie habla de los 141 muertos constatados entre la........
