En un concierto salvaje
Imagen de recurso de un concierto en Murcia. / L. O.
Hay quien dice que la música solo acompaña. Yo creo que hace mucho más: nos sostiene, nos devuelve a quienes fuimos y, en ocasiones, incluso nos rescata de nosotros mismos. Pocas expresiones artísticas tienen un poder tan inmediato sobre el ánimo. Una canción puede hacernos llorar en cuestión de segundos, arrancarnos una sonrisa inesperada o devolvernos a un lugar del pasado con una precisión que ningún álbum de fotografías sería capaz de igualar.
La neurociencia lleva años intentando explicar ese pequeño milagro. Sabemos que la música activa simultáneamente las regiones del cerebro relacionadas con la memoria, la emoción y el placer. Por eso una melodía puede abrir puertas cerradas desde hace décadas. Incluso personas con enfermedades neurodegenerativas son capaces de recordar canciones cuando casi todo lo demás se ha borrado. La música permanece donde otras memorias se desvanecen.
Marcel Proust explicó magistralmente cómo el sabor de una magdalena mojada en té era capaz de desencadenar una cascada de recuerdos........
