Lo recuerdo perfectamente
El niño depositó una moneda de diez céntimos, una perra gorda, sobre la estufa de leña que calentaba la única y enorme aula de la escuela. La retomó poco después y la aplicó sorpresivamente sobre el rostro de uno de sus compañeros. Se podía contemplar en él la imagen del jinete con lanza que decoraba el anverso. La traicionera y pesada broma causó una gran alarma. La huella del ataque permaneció poco tiempo, posiblemente porque aquella moneda estaba muy desgastada y no alcanzó una temperatura muy alta. En alguna ocasión he comentado el suceso con algunos colegas de entonces. Todos lo recordamos, pero diferimos al nombrar al protagonista y a la víctima. Es un recuerdo firme, pero los detalles varían de testigo a testigo.
La confianza en los recuerdos
Los recuerdos son inestables y frágiles, se degradan con el tiempo y se contaminan con la incorporación de fragmentos de otros sucesos. Cuanto más se recuperan, más probable es que se hayan ido modificando con la........
