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Cuba y la República Árabe Saharaui Democrática

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23.03.2026

Movilización en Murcia contra el bloqueo de Estados Unidos a Cuba / Israel Sánchez

Cuba sigue siendo, después de sesenta y siete años, objetivo del imperialismo yanqui, que trata de doblegar la dignidad de un pueblo que no ha hecho otra cosa que sembrar solidaridad internacional en el exterior y construir un Estado, en el interior, con un sistema de servicios públicos que garantizan el acceso universal y gratuito a la sanidad pública, a la educación -incluidos los estudios universitarios- y a prestaciones de la Seguridad Social como pensiones de jubilación, apoyo a personas con discapacidad o ayudas a familias vulnerables, sin obviar derechos fundamentales como el acceso a una vivienda o a la alimentación básica.

En un contexto de crisis como el de la pandemia de la covid-19 y, a pesar de los efectos de un asfixiante y criminal bloqueo durante más de seis décadas, Cuba fue capaz de desarrollar dos vacunas contra el covid-19 (Abdala y Soberana 02/Soberana Plus), que situaron a la población cubana con la tasa más alta de vacunación de toda América Latina y el Caribe.

A pesar de no haber supuesto nunca ninguna amenaza para Estados Unidos, más allá del ejemplo de un sistema social más justo y solidario, Trump firmó el pasado 29 de enero una orden ejecutiva que declara a Cuba como una «amenaza inusual y extraordinaria» y proclamó una «emergencia nacional» respecto a la isla, lo que le permitió endurecer las medidas económicas de bloqueo, entre ellas el bloqueo energético.

Ni que decir tiene que estas acciones totalmente desproporcionadas, injustificadas, injustas y criminales son contrarias al derecho internacional y han sumido a Cuba en una crisis energética sin precedentes que amenaza el funcionamiento de servicios básicos esenciales y, con ello, la propia vida de muchas cubanas y cubanos.

El otro polo de acción, que apenas aparece en los medios de comunicación, de la «diplomacia» estadounidense es el Sahara Occidental. Se acaba de cumplir el 50º aniversario de la proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática. Cincuenta años después, no solo no se ha cumplido el mandato de la ONU para que el pueblo saharaui decida libremente su futuro a través de un referéndum de autodeterminación, sino que EE UU ha reforzado su alianza estratégica con Marruecos, como aliado importante en la zona, a cambio de reconocer la soberanía de este país sobre el Sáhara Occidental, soberanía que permitiría un gobierno autónomo bajo su autoridad y sin consulta al pueblo saharaui. Posición, además, tristemente asumida y ratificada por el Gobierno de España en su última reunión de alto nivel con el Gobierno marroquí en diciembre pasado.

En ambos casos se conculca, de manera escandalosa y a instancia del mismo protagonista, el derecho internacional y el orden surgido tras la Segunda Guerra Mundial en torno a la libre autodeterminación de los pueblos y el respeto a la soberanía de los países.

Ante esta situación, la Asamblea Regional de Murcia, como principal expresión de la democracia en nuestra Región, no puede permanecer al margen. Por eso, desde Izquierda Unida y Podemos hemos presentado en la Cámara sendas mociones que instan a reafirmar el derecho de autodeterminación y la soberanía de los pueblos y de los países para decidir su futuro.

Además, en el caso de Cuba, solicitamos una partida presupuestaria, dentro del programa 126I de Cooperación Internacional al Desarrollo y Acción de Exterior de los Presupuestos Generales de la CARM, destinada a colaborar en los proyectos de inversión en energías renovables que desarrolla el Gobierno de Cuba para avanzar en soberanía energética.

De hecho, pedimos al Gobierno regional que invierta los 163.000 euros que ha dejado de gastar en este programa en 2025 y que estaban presupuestados.

En el caso del Sáhara, pedimos a los grupos parlamentarios que apoyen nuestra propuesta de crear un Intergrupo Parlamentario -previsto en el artículo 30 del Reglamento- de apoyo a la causa saharaui.

Los gestos, aunque puedan parecer limitados, también nos sitúan en el lado correcto de la historia, con Cuba y con el pueblo saharaui.

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