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El océano sin límites

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02.05.2026

'La catapulta', Edward Poynter

Tanto odiaba Jefté a los amonitas que por verlos no sólo derrotados, sino muertos y destrozados a sus pies, juró ofrecer a Yavé la primera criatura viva que saliese a su encuentro para darle la bienvenida al hogar después de la victoria. Una joven doncella, la misma hija del gran juez de Israel, salió cantando y bailando para recibir a su padre, vencedor. Y este cumplió el voto prometido.

El mar embravecido por los temporales hubiera destrozado la armada de Agamenón antes de que este hubiera podido llevar a cabo su carnicería en Troya. Pero entonces el Atrida, pastor de hombres, mandó sacrificar a Ifigenia, su propia hija. Los dioses, aplacados, calmaron las aguas.

Cuando la guerra de Troya terminó, Idomeneo volvió a Creta con sus barcos. El valiente, el héroe de los combates, tuvo miedo del mar. Por un feliz regreso, a salvo de las tempestades, el rey de Creta prometió a los dioses la vida del primer ser que le diera la bienvenida. Así murió el príncipe Idamante, su hijo. Cumplida la promesa, la peste se abatió sobre el reino para castigar el parricidio e Idomeneo huyó como un paria, perseguido por los hombres y los dioses.

—El mar, antiguo y violento, socava los pilares de la........

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