¿Del Cine Tomate al Cine Pelotazo?
Cine Rex, en Murcia. / Juan Carlos Caval
Había una vez una sala popularmente conocida como ‘cine Tomate’, aunque sus dueños la habían nombrado Salón Vidal (nada que ver, por cierto, con el firmante). En él se daban espectáculos a veces más interesantes que las proyecciones cinematográficas y casi siempre mucho más escandalosos. Entre otras cosas porque la censura de aquella época permitía escasos excesos. Aquel cine, en los confines del barrio de San Andrés y vecino distinguido de la sacrosanta Iglesia de Jesús que alcanza su mayor gloria anual el Viernes Santo, devino luego sala de no se sabe muy bien qué, decían que de fiestas, bajo la etiqueta de Pierrot.
Las malas lenguas, que casi siempre tienen razón, aseguraban que allí se concertaban encuentros que en aquel tiempo se decían «contra natura». Con lo cual los escándalos que antes valieron al lugar el apelativo de ‘Tomate’ encontraron segura continuidad en esas otras actividades varias cobijadas bajo el afrancesado nombrecito, con visitas frecuentes de portadores de placa de servicio y pistola en sobaquera, que no tenían cosa mejor con la que entretenerse nocturnamente en una tediosa capital de provincia como era Murcia.
La liberalización de costumbres y la normalización social hicieron desaparecer aquel antro casi inmundo de forma pionera a como fueron desapareciendo, una tras otra, las demás salas de proyecciones convertidas —en función de la permisividad municipal, los intereses empresariales y la laxa normativa autorizante del «cambio de uso»— en supermercado, bingo, gimnasio… o sencillamente se esfumaron: derribados por la piqueta o cerrados a cal y canto.
Solo un último mohicano resistió los embates del video, el ‘estrimin’ y la incapacidad empresarial para atraer público con una programación atractiva y actualizada semana a semana. Es el Rex. No «era», porque a pesar de su cierre factual, sigue estando ahí, en la plaza de Cetina, protegido por el PECHA y con muchas promesas incumplidas que pesan como cuchilla de guillotina sobre sus muros y paramentos.
De todo lo malo que se cierne sobre el Rex, lo peor son las promesas incumplidas. Peor quizá que los tejemanejes urbanísticos que han dado en el cambio de uso. Todo el personal aficionado al cine en Murcia recuerda, o debería, la propuesta del actual alcalde el primero de octubre —¿le suena a alguien la efeméride?— de 2019 de mantener el tal cine como tal para que sirviera nada menos que de cantera de cineastas locales.
Al cabo, tras bastantes tejemanejes entre bambalinas, el cambio de uso es una realidad. Esa normativa viene a ser la misma, en la práctica, que la que permitió la desaparición de una decena de cines del centro de Murcia. Con el agravante de que, señala un arquitecto de larga trayectoria, el Gobierno municipal aprobó el asunto en Pleno sin que el informe técnico de Planeamiento fuera favorable a la modificación del cambio de uso. Esa modificación «es manifiestamente contraria al propósito del PECHA, y el Ayuntamiento actúa de manera presumiblemente artera contra sus propios actos, desnaturalizando el contenido de su propio plan de protección», opina el arquitecto.
Pero hay más, pues resulta que después de meses de maniobras desconocidas, apenas diez días después del Pleno de marras se supo que la empresa de juegos no reunidos Grupo Orenes compraba el Rex a Carceserna. La declaración de esa organización de juego organizado de que mantendrá el uso del cine suena tan hueca como sonó la del alcalde cuando quedó olvidada. Y a algunos ha recordado cosas no tan buenas como el ‘Caso Umbra’ el hecho de que el proyecto de modificación de uso para el Rex está promovido por el bufete ‘Juritemur’, en representación de una empresa, que obviamente hay que pensar que su nombre empieza por ‘O’.
El tal despacho se llamaba antes ‘Pemori 4 SRL’ y fue creado por Pedro Morillas, exdirector de los Servicios de la Gerencia de Urbanismo. Actualmente dirige Juritemur su hija Esther como CEO. El exdirector estuvo implicado con el exalcalde Cámara, el exconcejal de Urbanismo Berberena, el fallecido Jesús Samper y una serie de buenas piezas en el caso Umbra, que sería de infame recuerdo si no siguiera pendiente de juicio. Así que uno pregunta: ¿Puede Murcia pasar página y obviar que la modernidad nos cambia el Cine Tomate por el Cine Pelotazo?
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