El tercer domicilio
Hay una edad en la que uno empieza a echar de menos a gente que apenas conoce. Supongo que hacerse mayor tiene bastante que ver con eso. A mí me ocurre con un hombre de la gasolinera, al que llevo años saludando sin saber cómo se llama. No sé si tiene hijos o si cena tarde, si vive con una parte de su cerebro en la fachosfera. No sabría reconocer su voz en una habitación, pero sí notaría su ausencia por la mañana. Cuando no está, algo se mueve de sitio. Lo justo para que el día empiece raro.
Uno descubre que la intimidad no siempre se construye con confidencias ni con nombres. A veces se hace con repeticiones. El camarero que no sabe quién eres, pero ya distingue tu cara de lunes. La mujer que pasea al perro como si también llevara de la correa el resto del día. La costumbre la vamos colonizando poco a poco. Va poniendo sus cosas en una esquina del........
