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La infancia siempre recuperada

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16.08.2026

Estatua de Hans Christian Andersen. / L.O.

Nunca me gustará que sientas asco y miedo. Mucho menos si eres una niña o un niño. Porque detesto el abrazo del terror y los flecos repugnantes del pánico hortera y las cadenas oxidadas que la kínesis de la violencia fija en los ojos paralizados del que deja de reír y de soñar. Los que ansiamos con volver a la infancia con juego y firmeza renovados no queremos tener la carita aterida para que pronto se convierta en el manjar de los gusanos. Tengan la bondad de no tocar la sonrisa de niños y niñas, ni siquiera como experimento mental. Hay que evitar a toda costa que se sumerjan confiados en la bañera como le pasó a Marat, hurtándonos la capacidad de soñar, de soñar con esperanza, como señala con acierto el libro ‘Homo ludens’ del historiador Johan Huizinga (1954). Recuerden que nos hemos dejado convencer, más de la cuenta, por los que proclaman nuestra admirable condición de ‘homo sapiens’ y de ‘homo faber’ olvidando lo fundamental. ¿Qué utilidad vital puede encontrar en el intelecto o el trabajo el que transita por el corredor de la muerte que recorren a diario los afectados por enfermedades devastadoras como la ELA o el cáncer? Por el contrario, siempre nos quedará pensar en la vida como un juego dichoso o la risa, como si fuésemos nobles franceses pasándoselo pipa con ‘la gallinita ciega’ o ‘el juego del pañuelo’ en las instalaciones de Versalles en el siglo XVIII y defecando a placer en sus jardines como el tubo de escape de un motor a explosión. Niños somos y niños seremos, y a mucha honra, seamos tierra polvorienta, polvo de estrellas o morcilla de Burgos desmenuzada.

La bruja que protagoniza el hermoso cuento de Dominique Demus y Jess Pouwels, bautizado en castellano como ‘Fabada malvada. La bruja sin culete’ (2021). La bruja tiene la facultad de «transformar los sueños de los niños en pesadillas horripilantes», ante la atenta mirada de la pelirroja Luli, quien descubre el pastel con su alegre osadía y sus aptitudes para la reflexión. Esta bruja sin sombrero altamente motivada, capaz de comerse hasta tres arañas de su propio pelo ensortijado por la inmundicia, provoca el asco y el miedo propio de quien busca el terror por medio de un conjuro. Y ¿para qué? ¿Cómo medio de control individual y social? ¿Con la manipulación y la........

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