El fetichismo de la madurez
El sueño de la razón produce monstruos. / l.o.
Con la madurez he descubierto, entre otras cosas, que soy fetichista. A los dieciocho años, más o menos, hice otro hallazgo vital que, afortunadamente, se desvaneció con el tiempo, ese señor que ‘todo lo cura’, al que apela la sabiduría popular: ya no era capaz de reír con las aventuras y desventuras de Mortadelo y Filemón del inefable Ibáñez. La vida ya no parecía ser de color de rosa, sino que esbozaba, como el supervillano Joker, el rigor mortis de los silenciosos habitantes involuntarios del pudridero del sobrio Monasterio de San Lorenzo del Escorial en tiempos de Felipe IV. Embutido mentalmente en los ropajes negros y pardos de la Corte de los Habsburgo, con el rostro de cera, había roto definitivamente el cordón umbilical con las entrañables historietas de los tebeos, con la agitada vida de ‘El Jabato’ y la pulcra e inteligente poesía visual de Asterix, pensando que estas páginas coloreadas eran cosa de niños, un impedimento, en definitiva, para quien sueña ser filósofo.
Y descubrí en pleno otoño existencial las huellas de un placer táctil recurrente, adictivo, al pasar la yema del dedo índice por la burbuja satinada central, de pigmentos seductores y brillantes, de la excelente novela gráfica ‘Logicómix. Una búsqueda épica de la verdad’ obra colectiva de A. Doxiadis, A, C.H. Papadimitriou, A. Papadatos y A. Di Donna, publicada por la editorial Salamandra de Barcelona en el ya lejano 2014. Aunque siempre hay quien ve en muchos libros oportunidades perdidas, lo cierto es que éste y, en particular, su condición de objeto, logró despertar mis sentidos y me persiguió durante una semana, llamándome constantemente a la puerta, llenando mis vísceras de traviesas culebras cognitivas, al tiempo que me permitió recuperar los paraísos perdidos de la infancia. Y todo ello gracias al abigarrado lenguaje de los cómics, heredero de los legendarios jeroglíficos egipcios. No puedo evitar que las piruetas de la memoria me transporten de inmediato a las estampas de los Caprichos del intelectual ilustrado Francisco de Goya y, en concreto, a su archiconocido número 43: «El sueño de la razón produce monstruos». La serie de los Caprichos consta de 80 grabados realizados entre 1793 y 1796 y para ello empleó el aragonés aguafuerte y aguatinta.
Los grabados de Goya tienen mucho de jeroglífico y, si me apuran, de su versión contemporánea: la novela gráfica. Casi de puntillas, y con permiso de los especialistas, sugiero aquí que el Capricho número 43 de Goya y........
