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De victoria en victoria, ¿hasta...?

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16.02.2026

De victoria en victoria, ¿hasta...? / Leonard Beard

Ninguna sorpresa en los resultados. Como escribía la semana pasada, los titulares estaban escritos antes del 8F, porque todos los indicadores apuntaban en la misma dirección: derrumbe del PSOE, victoria amarga del PP y contundente éxito de Vox, que suma escaños en cada contienda. Es decir, Aragón ha sido un bis repetido de Extremadura y, con mucha probabilidad, es la antesala de lo que pasará el 15 de marzo en Castilla y León.

A partir de aquí, las conclusiones son casi tan previsibles como eran las prospectivas. ¿Qué nos dice Aragón, este swing state electoral? Los titulares de brocha gorda: el bipartidismo está muerto; el voto de protesta ha pasado de la extrema izquierda a la extrema derecha, ergo el desgaste socialista no lo aprovecha Podemos, sino Vox; al PSOE solo le queda Portugal; y al PP no le funciona ni la artillería pesada de Vito Quiles. Es decir, si Aragón es el Ohio español, Vox está desbocado y nadie sabe cómo pararlo. ¡Quién podía imaginar hace pocos meses que las previsiones de un Vox encaramado al 20% fueran creíbles! Y, aun así, después del 17% de Extremadura y el 18% de Aragón, puede llegar a ser una previsión a la baja.

Yendo al detalle, el primer análisis sitúa al PP ante la brutal evidencia de no tener estrategia para poder frenar la sangría de votos que le provoca Vox. Es evidente que a la extrema derecha le está saliendo bien la maniobra de no entrar en los gobiernos y hacer de oposición total, ahogando al PP en cada negociación hasta dejarlo sin aire, como bien sabe la interina Guardiola. Convertido en el díscolo del bipartidismo, reúne toda la indignación antisistema que late dentro de la sociedad española, y que va mucho más allá del antisanchismo. Esta es la realidad que el PP no ha sabido leer y por eso se ha enredado en una carrera de caucus que le han disparado al pie: pensaba que, avanzando elecciones autonómicas, iría haciendo una erosión gradual al PSOE y se lanzaría hacia arriba, y lo que ha conseguido es demostrar que ha llegado al techo. Cada contienda electoral ha disminuido la aspiración del PP de ser la alternativa única, a la vez que ha engrosado el poder de Vox. Aragón-Ohio hace el retrato preciso: dos escaños menos para el PP y siete más para Vox.

Maniobra de caucus errónea que se añade a la incapacidad de Feijóo de diseñar una estrategia precisa. El PP oscila entre el modelo Bonilla y el modelo Ayuso, es decir, entre la distancia centrista y el mimetismo con Vox, y en las últimas ha optado por el mimetismo. Por eso sacaron a Vito Quiles a pasear, para enseñar la patita voxista del PP, con la esperanza de sumar votos, y no les ha servido de nada. Lógico: si se trata de buscar el voto más bronco y agresivo, mejor votar al original y no al imitador.

En el otro lado de la acera ideológica, el análisis sobre los resultados del PSOE a primera instancia es simple: el antisanchismo se abre camino de manera imparable; a Pedro Sánchez no le funcionan ni las glorias ministeriales y el rosario de derrotas autonómicas está dejando el poder territorial socialista en los huesos. Podría parecer, pues, el final de Sánchez pero..., y el pero es la clave, porque todos sabemos que Sánchez domina las adversativas. Es un pero que no mira hacia Aragón, sino hacia Portugal, donde los socialistas han vencido al populismo de extrema derecha. Sánchez sabe que no puede parar ni su desgaste ni la actual sangría autonómica que sufre su partido, pero también sabe que ganar las elecciones generales curará todas las heridas y, a diferencia del PP, tiene la estrategia muy definida: dejar que Vox crezca, para que la dualidad electoral no sea entre Sánchez y Feijóo, sino entre Sánchez y Abascal. Es decir, entre el progresismo y la reacción, entre la roja y la azul, una confrontación que siempre le ha dado réditos electorales. A este objetivo responde su estrategia de regularizar a 500.000 inmigrantes en plena campaña en Aragón, sabiendo que era maná para la extrema derecha. Pelearse con Trump, con Musk y etcétera también responde a esta maniobra de distracción, que desvía el debate de la acción de gobierno, y lo sitúa en la batalla cultural. Y en este partido a dos, el PP se queda sin pelota.

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