Expendeduría de carnets de malagueño
El Burrito Platero del Parque. / L.O.
Hay algo profundamente español, y particularmente malagueño, en esa costumbre tan nuestra de hablar en nombre de los demás. Uno abre el móvil cualquier mañana y se encuentra con sentencias rotundas, casi bíblicas: «Los malagueños no podemos permitir esto». «Los malagueños estamos hartos». Los malagueños una y otra vez. Y uno piensa inmediatamente en la eficacia administrativa tan admirable de estas criaturas. Qué capacidad organizativa. Porque yo, sinceramente, debo de haberme perdido el referéndum. O al menos la encuesta de Google Forms donde se decidió qué pensamos todos los malagueños sobre cada asunto.
Hay gente que parece poseer una autoridad moral extraordinaria para decidir quién representa verdaderamente a Málaga y quién no. Si usted repite determinadas consignas, entra inmediatamente en la categoría de malagueño auténtico. Si no las comparte, pasa automáticamente a convertirse en un colaboracionista del capitalismo internacional, un agente inmobiliario encubierto, ayudante del hijo de Aznar o directamente un enemigo del pueblo. Todo muy democrático.
Sucede especialmente con el asunto de la vivienda y el turismo, tema delicadísimo, complejo y real, por cierto. Porque sí, Málaga tiene un problema serio con la vivienda. Gravísimo. Los precios son absurdos. El acceso para los jóvenes resulta prácticamente imposible. El mercado está tensionado hasta niveles espectaculares y muchas familias viven con auténtica angustia la búsqueda de un alquiler digno. Eso es verdad.
Lo que ya empieza a ser menos verdad es ese simplismo infantil que pretende reducir un fenómeno mundial a una caricatura........
