La historia en mi memoria (II)
Recoveras, el estraperlo para sobrevivir en la posguerra española
Hoy, 18 de julio, se cumplen 90 años del Golpe de Estado que desembocó en la contienda civil. No hay nada más horroroso que una guerra entre hermanos, entre paisanos y compatriotas. Las rencillas ocultas, la confrontación ideológica y los odios encubiertos afloran con especial virulencia.
Una aciaga fecha en la historia de nuestro país que ojalá no se hubiera dado nunca y esperemos que no se repita. La semana pasada publiqué la primera parte de esta reflexión o relato personal con la única intención de presentificar parte de la historia que se vivía en mi niñez, experimentada desde las carencias, que envolvió una etapa decisiva en el desarrollo de la infancia a mediados del pasado siglo… era el mundo de la «nada», de las privaciones.
El mundo de la «nada» era rico en hambre, miseria, marginación, dolor, sufrimiento y pena, sin olvidar el miedo y el sometimiento formal y vejatorio que debía otorgarse al amo de la tierra para quien se trabajaba. Por tanto, quien nadaba en la «nada» era el campesinado andaluz en general y más en particular el que profesaba ideas republicanas y estaba estigmatizado como rojo o familiar de rojo tras la contienda. Al menor atisbo de rebeldía, de disensión, la Guardia Civil entraba en acción exhibiendo un alto grado de violencia y autoridad, metiendo el miedo en el cuerpo de los más valientes, por lo que solo en la clandestinidad se podía contactar con los correligionarios y debatir ideas.
Recuerdo, con cierto desasosiego, cuando mi padre escuchaba, a baja voz, la Pirenaica ―para quien no lo sepa era la emisora clandestina de Radio España Independiente, que lanzaba proclamas contra el franquismo― y mi madre le decía: «Antonio, por favor, que te va a escuchar algún vecino y te va a denunciar a la Guardia Civil y te llevarán preso».
Para más INRI al socaire de la penuria, algunos fieles al Movimiento, compraron innumerables patrimonios de los vencidos a precios irrisorios, obligados a vender por la apremiante necesidad, cuando no por la coacción. Esto no quiere decir que la maldad, la codicia y........
