El amor en los tiempos de Tinder
Las plataformas digitales han democratizado el acceso al encuentro. / JORDI OTIX
Hay algo paradójico en la forma en la que hoy nos relacionamos: nunca habíamos tenido tantas posibilidades de conocer a otras personas y, sin embargo, cada vez parece más difícil construir vínculos que perduren. En la era de las aplicaciones de citas, donde un gesto tan sencillo como deslizar el dedo decide el destino de una interacción, el amor se ha vuelto, en muchos casos, una experiencia rápida, fragmentada y, a veces, superficial.
No se trata de demonizar la tecnología. Las plataformas digitales han democratizado el acceso al encuentro: han ampliado los círculos sociales, han permitido explorar la identidad afectiva y sexual con mayor libertad y han facilitado conexiones que, de otro modo, nunca habrían ocurrido. Para muchas personas, han supuesto incluso una vía de salida a la soledad o al aislamiento. En este sentido, sería injusto negar su valor.
Sin embargo, junto a estas ventajas, emerge un cambio silencioso en la forma en la que entendemos el vínculo. La lógica de las aplicaciones -basada en la inmediatez, la abundancia de opciones y la constante novedad- puede terminar infiltrándose en nuestras expectativas emocionales. Si todo está a un clic de distancia, ¿qué lugar ocupa la paciencia? Si siempre hay alguien más disponible, ¿qué sentido tiene sostener la incomodidad que........
