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El ausente

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02.04.2026

Cuando Charlie Kirk fue asesinado, tenía 31 años. No sabemos cómo evolucionaría el activista conservador tras el transcurso de los años, cuando por fin abandonase la juventud y entrase en una etapa de madurez más pausada, ejerciendo de referente intelectual no solo por el mérito de sus hazañas políticas, sino por el número de experiencias acumuladas. Tampoco podemos saber si le acabarían decepcionando algunos de sus antiguos colegas de profesión o con cuál de ellos se acabaría personalmente distanciando. O si, como ocurre con tantos otros activistas en similares posiciones de influencia, cambiaría de opinión en algunos temas en los que antes parecía inamovible. No lo podemos saber. Solo quedan sus palabras. Sus intervenciones en los debates con los estudiantes. Los monólogos de su programa. La filosofía que Turning Point USA (la organización que fundó) presentó al público cuando todavía estaba vivo. Las entrevistas que concedió. Los libros que escribió. Y, finalmente, los pensamientos que compartió en privado con sus amigos y compañeros del movimiento conservador.

Esto ha creado un vacío que algunos quieren rellenar promoviendo sus propias causas. Debido a su capital simbólico, Kirk, convertido en un........

© La Opinión A Coruña