El burka de Irán
El debate sobre la opresión de la mujer bajo el yugo de la religión islámica, tan poderosa en las sociedades de mayoría musulmana, se ha sacado a colación para enfatizar las maldades del Irán de los ayatolás. Todo vale para justificar la intervención militar implacable de la coalición Netanyahu-Trump, con el apoyo del mundo suní, la rama abrumadoramente mayoritaria del Islam.
Es surrealista. El primero que desmiente categóricamente esa versión es el mismo líder israelí en sus memorias, en las que declara a Irán el enemigo a batir desde hace 30 años. Lleva Netanyahu tres décadas predicando por este advenimiento. En ningún caso el motivo del líder israelí es por cómo visten o empujan a vestir a las mujeres en Irán, sino porque Bibi considera desde temprana edad que el gran enemigo existencial para Israel es Irán. Para nada son ya una amenaza los países sunís de su entorno, a los que ha sometido. O los de la península arábiga. Estos días, incluso se ha mencionado el burka como pretexto —la más atroz de todas las versiones para cubrir a la mujer— cuando esta es una vestimenta que no se ve ni de casualidad por las calles de Teherán. Es solo propia de Afganistán y de la zona fronteriza de Pakistán. O de una parte de la India musulmana, como cuenta el best seller El librero de Kabul. El burka no es ni de casualidad habitual en Irán. Tampoco en Arabia Saudí. Aunque la versión saudí es casi tan opresiva como el burka. Es el niqab, que básicamente sustituye la rejilla del burka por una estrecha obertura que solo deja los ojos al descubierto. En Irán, en cambio, es común el chador, que por lo menos deja toda la cara al descubierto.
Pretender que la guerra contra Irán tiene un componente de salvaguarda de la dignidad de la mujer y de lucha contra el integrismo es una falacia de ignorantes o propagandistas desvergonzados. Por no entrar en lo que está ocurriendo en el corazón de la sociedad israelí, con un avance imparable de los ultraortodoxos, que obligan a sus mujeres a raparse al cero. Si el integrismo avanza es precisamente en el corazón de Israel, cada vez son más y tienen más poder.
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