El saqueo de Venezuela
Si el comandante Hugo Chávez levantara la cabeza, volvería a la tumba, horrorizado de ver el saqueo del país por las petroleras y mineras occidentales, sobre todo las anglosajonas.
El Gobierno de Donald Trump, el mismo que dice no aceptar chantajes de Irán por su parcial bloqueo del estrecho de Ormuz, al que responde con otro aún más irracional, tiene puesto el revólver en la sien de la “presidenta interina”, Nancy Rodríguez.
Y un país antes soberano aunque sometido durante años por EEUU a las más duras sanciones debe aceptar ahora sin rechistar el expolio por compañías extranjeras de los hidrocarburos, del oro y demás recursos naturales.
¿Cómo no recordar aquel excelente libro titulado “Las venas abiertas de América Latina” en el que el uruguayo Eduardo Galeanodenunciaba el continuo saqueo de las riquezas del continente por los imperios coloniales? ¿Qué habría dicho Galeano de lo que hoy ocurre?
El gigante estadounidense Chevron, el británico Shell y otras transnacionales se han asegurado un gigantesco botín gracias a unas leyes promulgadas por Caracas bajo chantaje que abren totalmente el país del héroe nacional Simón Bolívar a la inversión extranjera.
Con su probada política de “palo y zanahoria”, Estados Unidos expolia brutalmente a Venezuela a cambio de aligerar, como recompensa a su forzada servidumbre, las sanciones económicas.
Ya a finales de enero, el Gobierno teledirigido desde Washington de Caracas reformó la ley de orgánica de hidrocarburos para supuestamente incentivar la inversión privada extranjera, o dicho mucho más claramente: el saqueo del país.
Las compañías extranjeras pueden ahora hacerse con el control operativo de proyectos conjuntos con el Estado, comercializar independientemente su petróleo y transferir a las cuentas que deseen las riquezas obtenidas con su venta.
Las mayores beneficiarias son la estadounidense Chevron, que se hizo con el bloque Ayacucho 8 en la estratégica faja del Orinoco del Orinoco, así como con nuevos derechos para la explotación de su petróleo extrapesado.
El pasado lunes, la presidenta Rodríguez firmó un acuerdo que eleva al 49 por ciento la participación de Chevron en la empresa mixta Petroindependencia y otorgó derechos para actividades primarias en el Ayacucho 8, el yacimiento de crudo extrapesado más grande del mundo.
Gracias a un incremento previsto de la producción en los dos próximos años, el gigante petrolero estadounidense tendrá el control soberano del oro negro venezolano.
La británica Shell se garantizó a su vez el del gigantesco yacimiento marino de gas natural Loran -Manatee y los campos petroleros y de gas en tierra firma de Carito y Pirital.
El ministerio de Interior de Caracas argumenta que la apertura económica sirve para atraer la inversión extranjera y aumentar la producción, pero los ingresos obtenidos en esas operaciones van a cuentas administradas por EEUU.
El Gobierno venezolano sólo se queda con una pequeña parte de los ingresos, e incluso ese dinero tiene que dedicarse a la importación de productos de Estados Unidos, con lo que el presupuesto del país está sometido en la práctica a la administración de Washington.
Algo parecido ocurre con la nueva ley de minas aprobada por Caracas que abre también el subsuelo al capital extranjero y retira el control exclusivo del Estado que existía desde tiempos de Hugo Chávez de las reservas de oro coltán, bauxita y otras tierras raras.
Los representantes del Gobierno cautivo de Caracas dicen que la ley será “motor” de bienestar futuro, pero otros hablan sobre todo de “riesgos” porque las regiones ricas en materias primas del sur del país están bajo el control de grupos armados.
La ONU ya ha advertido en varios informes del peligro de deforestación y violaciones sistemáticas de los derechos humanos de quienes habitan en esas regiones como consecuencia de prácticas mineras ilegales.
El relajamiento de las sanciones contra el sistema bancario venezolano anunciado por EEUU es sólo un regalo envenenado porque demuestra en el fondo el control efectivo que ejerce Washington sobre la economía de Venezuela, que no tendrá otra salida que abrir de par en par sus puertas al capitalismo extranjero.
