La asignatura de Feijóo
Trump exige la rendición incondicional mientras los misiles de Irán atacan a Israel y a las monarquías árabes. El Ibex ha caído un 7%, su peor semana en cinco años, el petróleo ha subido un 25% y el gas un 60%. Si la guerra dura…
En España, María Guardiola, presidenta en funciones de Extremadura, ha perdido las dos primeras votaciones de investidura. En la segunda le habría bastado la abstención de los 11 diputados de Vox, pero han votado en contra.
María Guardiola, que tras la marcha de Vox gobernaba sin mayoría, anticipó las elecciones porque Vox no le votaba los presupuestos. Creía ciegamente que obtendría mayoría absoluta y podría prescindir de Vox. Pero, aunque subió al 43% del voto, se quedó en 29 escaños (uno más) y no logró la mayoría, mientras que Vox saltó de 6 a 11 escaños. Aún puede ser investida —hasta el 4 de mayo, cuando se deberían repetir las elecciones—. A esperar.
En Aragón, Jorge Azcón convocó por los mismos motivos elecciones anticipadas el 8 de febrero. Y le pasó lo mismo. No solo no logró la absoluta, sino que perdió dos diputados, mientras que Vox dobló los suyos, de 7 a 14.
Los rasgos de estas dos evitables elecciones —que Feijóo alentó para mostrar la debilidad socialista— son similares: caídas del PSOE, mantenimiento del PP, que no consigue la ansiada mayoría, y disparo de Vox. Dobla sus diputados y capta el voto de cabreo. Y joven.
Vox no querrá nada con el PP antes de las elecciones —estas sí obligadas— del próximo domingo en Castilla y León, donde el presidente Mañueco (PP) tampoco tiene mayoría absoluta y casi seguro que necesitará a Vox. Mientras, la extrema derecha quiere que se vea que es decisiva y luego planteará al PP un «paquete global», que deberá aceptar o correr el riesgo de repetir tres elecciones. Con las andaluzas pendientes.
Y la penúltima semana, Feijóo cometió un error con un documento en el que Génova asumía las negociaciones, admitía que pactar con Vox era la única solución y hacía «guiños» ideológicos: inmigración, pacto verde…Pero ponía condiciones. Y Abascal se rebotó. ¿Por qué? Si quieres pactar con alguien no le pongas condiciones públicas, negocia con sigilo. Y menos si has dicho que es la única alternativa.
Además, Feijóo cree —se equivoca— que Vox debe ayudar al PP a gobernar. Pero Abascal es el presidente del partido europeo Patriots —el principal de la extrema derecha europea, con Marine Le Pen y Orbán, pero no Meloni— cuyo objetivo no es tanto ayudar al centro-derecha (el PPE) sino sustituirlo.
El empeño de Abascal no es tanto el gobierno de las tres autonomías, sino potenciar a Vox como un partido en alza e imprescindible. Y lograr así el máximo de escaños en las próximas elecciones generales para luego poder pactar en una posición de fuerza. No es igual que el PP tenga 137 diputados y Vox 33, como ahora, a que el PP saque 110 y Vox 80. En este caso, Abascal exigiría un gobierno paritario y una vicepresidencia «expansiva».
Si quieres ser el partido alfa es malo decir que dependes de Vox. Aunque luego sea así. Ni convocar elecciones autonómicas anticipadas que lo visualicen como casi inevitable. Todo pacto exige una dosis de incertidumbre. Por eso Mañueco (y Feijóo detrás) se ha equivocado al despreciar la oferta de Carlos Martinez, el candidato socialista en Castilla y León, de que gobernara la lista más votada. Es difícil —no imposible— que Mañueco quede segundo. Pero a cambio del riesgo —pequeño— se abría una pista de «deshielo» entre el PP y el PSOE.
¿Por qué Mañueco y Feijóo ni lo han considerado? ¿Porque creen que Martinez pinta poco? Error porque, en cualquier caso, Sánchez tendría algún engorro. ¿Por miedo a que Abascal se enfadara? Error, porque un buen pacto exige que el otro no sepa que estás en sus manos. ¿Por temor a que más electores del PP —según las encuestas, un 14%— se vayan a Vox? Es creer que tu liderazgo pierde punch.
¿Porque piensas que la actual división en dos bloques es inevitable? Pero así la Constitución del 78 sólo puede degradarse. n
