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La IA como arma del delito

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15.03.2026

Visualización conceptual de un chip computacional basado en iones con procesamiento inspirado en el cerebro para una IA eficiente. / IA/T21

La aplicación de la inteligencia artificial (IA) a todos los ámbitos de la actividad económica, política y social está abriendo las puertas a una nueva era, especialmente por el ritmo vertiginoso con el que está copando cada vez más espacios, alterando el sistema productivo y creando nuevas realidades que todavía no estamos preparados para gestionar.

El acoso, tanto en el ámbito escolar como en el adulto, y la delincuencia han encontrado en esta tecnología unas eficientes herramientas para conseguir sus objetivos. Los despachos de abogados de A Coruña comienzan ya a recibir consultas de víctimas de este tipo de agresiones y robos para decidir qué vía judicial emplear para perseguir a unos criminales sin escrúpulos.

Las estafas empleando vídeos falsos de personajes conocidos que avalan inversiones en criptomonedas o pornovenganzas que crean imágenes pornográficas de las víctimas para destrozar su reputación constituyen dos de los ejemplos de estas prácticas. Este último ámbito ya generó polémica hace tiempo por el empleo de Grok, la herramienta de IA de X (la red social de Elon Musk, anteriormente conocida como Twitter), para generar desnudos de actrices o cualquier persona a partir de una sola fotografía.

En los despachos de abogados consultados por LA OPINIÓN, que desveló la llegada de estos casos a letrados coruñeses, todavía no se han analizado casos de menores de edad, pero sin una regulación específica y con la velocidad de implantación y mejora de la IA resulta difícil pensar que no es solo una cuestión de tiempo que esto suceda. Si los desalmados que practican el acoso contra compañeros de clase en la ciudad y el área metropolitana carecen de escrúpulos para burlarse y atormentar a las víctimas mediante otras vías, nada hace pensar que no empleen la IA dentro de poco. A nivel estatal ya se han registrado casos.

El acoso ha causado dramas tan dolorosos como el suicidio de adolescentes, por lo que urge repensar como sociedad cómo combatir o regular la llegada de la IA. El Código Penal castiga la difusión de imágenes reales, pero el uso de recreaciones mediante IA abre dudas, si bien siempre se puede recurrir al Código Civil para reclamar daños y perjuicios.

Sin embargo, otro problema se añade en este punto: la autoría. La difusión mediante redes sociales o canales de mensajería deja siempre un rastro, pero no tanto la creación de la propia imagen falsa.

En un momento en el que el Gobierno ha puesto sobre la mesa la vigilancia sobre el odio esparcido en las redes sociales —aunque también se esparce desde muchos micrófonos y púlpitos públicos—, el mensaje vuelve a virar hacia la educación. El primer ámbito para controlar los desmanes que permite con una inédita facilidad la nueva tecnología reside en la familia y la escuela, fomentando valores como el respeto al otro y el repudio del acoso.

A partir de ahí, el Congreso de los Diputados debería ponerse manos a la obra para consultar cómo elaborar una legislación adecuada para castigar el uso de estos medios para delinquir y destrozarle la vida a personas inocentes. n

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