A Cazorla no le quitaban el balón ni en una cabina de teléfono: un repaso a toda la trayectoria al héroe y leyenda del Real Oviedo
A Cazorla no le quitaban el balón ni en una cabina de teléfono: un repaso a toda la trayectoria al héroe y leyenda del Real Oviedo
El doble campeón de Europa se retira tras una carrera marcada por el talento, la resistencia y su regreso al Oviedo, el club al que siempre perteneció
EN IMÁGENES: Los tres años de Santi Cazorla en el Real Oviedo
EN IMÁGENES: Los tres años de Santi Cazorla en el Real Oviedo / Miki López / LNE
Se despide Santi Cazorla. Y con él, de alguna manera, se despide también una forma muy reconocible de jugar al fútbol. La de los futbolistas que no necesitan imponerse con el cuerpo porque ya mandan con la cabeza. La de los que parecen tener siempre una décima más que el resto. La de los que reciben, giran, miran y hacen que todo parezca más fácil. Se despide un jugador que nunca perdió del todo la pinta de niño con balón, de futbolista de calle, de talento criado lejos del ruido y de los focos. Se despide el Mago. El de Fonciello. El del Oviedo. El del Villarreal. El del Arsenal. El de la selección española.
Santi Cazorla cuelga las botas en casa, que no es poca cosa. Porque su carrera, antes que una lista de clubes, títulos y partidos, fue siempre una historia de pertenencia. De salir cuando no quería salir. De hacerse enorme lejos. De volver cuando pudo volver. Y de cerrar el círculo en el mismo lugar en el que todo había empezado a torcerse demasiado pronto. Hay futbolistas que se retiran donde les toca. Santi se retira donde debía. En el Real Oviedo. En el club que le vio crecer, que le perdió por culpa de una época durísima y al que regresó más de veinte años después para devolverle algo que parecía imposible: la Primera División.
Su historia arranca en Fonciello, en una familia humilde y trabajadora, con un balón cerca y una naturalidad extraña para hacer cosas difíciles. José Manuel, su padre, y Loli, su madre, vieron crecer a un niño que no parecía entender el fútbol como los demás. No era solo que golpeara bien con las dos piernas. Era la manera. Esa facilidad para poner la pelota donde quería, para ver antes lo que iba a pasar, para tratar el balón como si no pesara. Primero fue el Covadonga. Después, el Oviedo. Pero la historia del Mago también tuvo una herida de origen. Cazorla entró en la cantera azul siendo un niño y tuvo que marcharse cuando apenas empezaba a ser futbolista. El Oviedo se hundía. El club caía a Tercera División, arrastrado por una crisis institucional que cambió demasiadas vidas y rompió demasiados caminos. Santi era una de las grandes promesas, pero el contexto no daba para romanticismos. El futuro estaba fuera. Y se marchó al Villarreal con la sensación amarga de dejar atrás el sitio al que pertenecía. No se fue del Oviedo porque quisiera irse. Se fue porque el Oviedo, en aquel momento, ya no podía sostenerle.
El crecimiento de Cazorla hasta convertirse en una estrella del fútbol español
En Villarreal encontró lo que necesitaba para crecer. Una estructura, paciencia, confianza y un escenario competitivo en el que su fútbol empezó a tomar cuerpo. Pasó por el filial, subió al primer equipo y se hizo un sitio sin necesidad de estridencias. Luego llegó el Recreativo de Huelva, una temporada magnífica, de esas que cambian la percepción sobre un jugador. Volvió al Villarreal convertido ya en un futbolista de otra dimensión. Más tarde llegaría el Málaga, con aquel proyecto ambicioso que llevó al club andaluz a mirar a Europa sin complejos. En todos esos........
