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Ángela Fernández, una asturiana en la cúpula de la patronal vasca: "Euskadi sabe que su potencia es la industria y saben ir todos a una"

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18.08.2026

Ángela Fernández, una asturiana en la cúpula de la patronal vasca: "Euskadi sabe que su potencia es la industria y saben ir todos a una"

Esta ingeniera química de padre de Vegadeo y madre tapiega dirige un grupo dedicado a los residuos industriales, es vicepresidenta de la confederación de empresas de Vizcaya y forma parte del comité ejecutivo de Confebask, la patronal del País Vasco

«Algunas mujeres queremos saber hacerlo perfecto para luego hacerlo, y yo digo: hay que atreverse, no pasa nada si nos equivocamos; yo prefiero equivocarme por hacer que por no hacer», asegura

Angela Fernández Alonso.

Ángela Fernández Alonso, padre de Vegadeo y madre de Tapia, estudió Ingeniería Química en Cantabria. Es directora gerente del grupo vasco Agaelus de servicios medioambientales, dedicado a la gestión y valorización de residuos industriales. Es, además, presidenta de la Asociación Vizcaína de Empresas Químicas, Aveq-Kimika; también vicepresidenta de la Cebek, la confederación de empresa de Vizcaya, y vocal del comité ejecutivo de la patronal vasca Confebask.

—¿Cómo es el empresariado vasco?

—Cuando llegué, una de las cuestiones que más me llamó la atención fue, primero, la capacidad económica que tienen. La potencialidad, el número tan importante de polígonos, de empresas de todos los sectores… Y el asociacionismo, que es muy relevante. Efectivamente, la unión hace la fuerza; luchar todos en la misma dirección, haciendo lobby, aunque esa palabra ahora esté tan bien vista. Aunando esfuerzos ya no solo para defender los intereses, también para poner en conocimiento cuáles son las necesidades. Ahora mismo, por ejemplo, el reto es la Inteligencia Artificial. Pues qué mejor que montar proyectos colaborativos en los que se puedan aprovechar las sinergias. Esa es una fortaleza muy grande que tiene Euskadi. Una fortaleza que también tiene que ver con la valentía. Son personas muy arrojadas. Por desgracia tienen una historia, ya pasada, que quizá les hizo todavía ser más valientes si cabe.

—Sí. Aunque no lo viví, era muy duro ser empresario en los años 80 o 90. Eso marca una forma de ser. Son muy arrojados, gente que lo intenta y lo intenta, y cuando se cae, vuelve a levantarse. Hay un nivel de emprendimiento que no hay en otras zonas. Y eso es algo que tiene un efecto muy exponencial. También tienen el concierto económico, ciertas ventajas como es tener sus propias diputaciones y que lo que recaudan, poder reinvertirlo en el territorio. Subieron reinventarse en la época de la reconversión, en los años 80. Ahora es un territorio muy avanzado desde el punto de vista también de la tecnología. No estamos hablando solo de que tenga una masa crítica de empresas muy potentes, además tiene la diferenciación tecnológica, con centros tecnológicos muy potentes y con apoyo de administración. La colaboración público-privada es muy intensa.

—En otro lugar quizá la presencia de una banda terrorista hubiera sido también letal para la economía de la región...

—No acabó con ella porque, como le digo, son gente muy arrojada, con unas convicciones muy fuertes y con una capacidad de sacrificio muy elevada. Desde luego que no es todo perfecto, pero a pesar de eso lo lograron. Sí que es verdad que también hubo una pérdida de empresarios. Hubo muchos que tuvieran el arrojo de quedarse, pero otros decidieron salir de Euskadi porque era una época muy complicada. Esto se lo cuento casi de oídas, porque yo llegué en 2006. Era otra época muy diferente. Seguía habiendo mucha kale borroka, había mucha manifestación, mucho contenedor quemado, pero ya no tenía nada que ver con aquello, por suerte. Ya había habido varias treguas.

—Alude también de la importancia........

© La Nueva España