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Microbios del Planeta

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28.03.2026

Más allá de las artificiosas etiquetas, mirados exclusivamente en sus intimidades humanas, casi ninguna diferencia entre Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, e Iván Mordisco, jefe facineroso de exguerrilla colombiana.

Ambos enfermos mentales, contaminados por el virus del poder, se convirtieron en autócratas brutales. No imperan para organizar sabiamente una comunidad, sino para triturarla. No han superado el espíritu de homínido, el antecedente del homo sapiens.

Ambos utilizan el poder económico y militar, peores enemigos del humanismo, para humillar súbditos. Mordisco sojuzga la población de su entorno; Trump, la de los países débiles, sumisos o disidentes.

Ambos utilizan armas poderosas; remembranza de los ancestrales rugidos, colmillos y garras, del viejo primate. No han ascendido aún al milagro del lenguaje para construir desarrollo humano.

Las morbosas complacencias sexuales de ambos la logran con niñas menores. Mordisco recluta campesinas de su entorno, Trump usa las gringas reclutadas por Epstein.

Ambos promueven guerras como estrategia para perpetrar actos delincuenciales. Mordisco, para infestar el mercado internacional con droga; Trump, para esquilmar riquezas naturales de los países sojuzgados.

Ambos despliegan terror para generar miedo en los pueblos sojuzgados y perpetuar su malsano poder. Mordisco aterroriza con sus ejércitos vandálicos; Trump, con el vandalismo del poderoso ejército norteamericano.

Para izar el poder, ambos fomentan pobrezas y hambrunas con mendrugos envenenados a poblaciones sometidas. Mordisco, con salarios miserables a campesinos; Trump, con ladinos acuerdos comerciales.

Detrás de sus figuras de autócratas hormiguean intereses económicos de poderosos mezquinos. A Mordisco lo rodean narcotraficantes nacionales e internacionales; a Trump, voraces empresas también nacionales e internacionales.

Ambos cuentan con cómplices para ejercer sus crueldades. Mordisco: con terratenientes, campesinos secuaces y miembros del Estado; Trump con parte del pueblo norteamericano y las elites de extrema derecha de cada país sometido.

Celosos de su autocracia, ambos se pelean entre autócratas para conservar el negocio del poder. Mordisco pretende liquidar el Clan del Golfo; Trump, a Rusia o China.

Para conquistar incautos, ambos engañan con discursos huecos contaminados de esperanzas. Mordisco proclama defender el pueblo; Trump, la paz democrática

Si mordisco fuese presidente de los Estados Unidos, estaría en guerra con Irán. Si Trump fuese jefe de una exguerrilla colombiana, estaría enviando coca a los Estados Unidos.

Si Mordisco fuese Netanyahu, habría aplastado a Palestina; o Putin, aplastaría a Ucrania; o Xi Jinping, destruiría a los uigures… Ambos son terroristas, microbios del planeta, autócratas violentos y “La violencia —según Isaac Asimov— es el último refugio del incompetente.” Porque todo autócrata, en verdad, es un hueco humano, diría yo, que llena su oquedad con sangre violenta.


© La Nación