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Literatura de café

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25.03.2026

Siendo el café el producto básico más representativo de nuestra historia económica, vale preguntarnos si ocupa el mismo papel decisivo en la literatura colombiana y, aún más, en la sicología nacional.

Es muy probable que en una encuesta los colombianos respondan mayoritariamente que el café es el producto nacional insigne y, si en esa misma encuesta, se les pregunta por su novela favorita, o la que mejor los representa como colombianos, un 95% (o más) responderían que “Cien años de soledad”. No resulta muy difícil adivinar, en consecuencia, que el escritor favorito de los colombianos es, obviamente, García Márquez.

Pero, ni la versión más acabada de La Hojarasca recrea el paisaje cafetero, ni tampoco una versión literaria de la historia económica del café, que es sin duda el símbolo nacional de cultura. Por su parte, “Cien años de soledad” nos adentra por las coordenadas del Caribe colombiano que crearon y recrearon los fundadores de Macondo en donde la United Fruit Company, o El Pulpo como se le conoce en la historia centroamericana, jugaría un rol decisivo en la economía bananera y posterior decadencia de este mítico lugar imaginado.

Esta pequeña curiosidad cultural nos puede llevar a explorar la, poca o mucha, literatura escrita alrededor del café que da cuenta, a su vez, de la historia que fue llenando un espacio geográfico hoy conocido como Eje Cafetero, cuya resiliencia territorial es ejemplo hoy de cómo una crisis en los precios internacionales, a finales del siglo XX, terminó por reconfigurar la economía cafetera con destacables indicadores de desarrollo territorial en esa región gracias a un enfoque muy diferente al modelo típicamente latinoamericano anticapitalista y al terremoto ocurrido el 25 de enero de 1999.

De hecho, el Eje Cafetero hoy es un destino obligado para los turistas que se asoman a las montañas de la cordillera central para beber un café excelso que simboliza ese medio millón de familias caficultoras y de hombres que representa nuestro Juan Valdez y su querida Conchita.

Dicha excepcionalidad también cobra sentido hoy cuando un candidato presidencial señala al departamento de Antioquia como cuna del paramilitarismo y del terrorismo de Estado. Conforme a su concepción histórica y cultural de la política, ignora que ese mismo departamento fue cuna de uno de los movimientos humanos más importantes del continente americano, después de la conquista del oeste estadounidense.

Empresa humana que, por demás, materializó no solo el Destino Manifiesto de los Estados Unidos sino una época en la que la fiebre del oro alentó, a la par, la aparición de novelas decisivas para comprender un capítulo fascinante de la historia humana y parte de sus motivaciones sicológicas tal como lo narra James Fenimore Cooper en El último de los mohicanos (1826).

De tal suerte, nuestro episodio nacional análogo es la Colonización Antioqueña y tal vez las dos novelas canónicas que tienden un puente histórico (entre los siglos XVIII e inicios del XX) para comprender ese espacio-tiempo, que configuró el Eje Cafetero, son: la Marquesa de Yolombó de Tomás Carrasquilla (1928) y la Casa de las dos Palmas escrita por Manuel Mejía Vallejo (1988).

Así, la literatura del café es un episodio más de la consustancial tensión entre barbarie y civilización alrededor de la construcción de una época dorada, según los ciclos económicos, en la que se definieron los confines de una bien delineada cultura cafetera que impactó parte de la identidad e imagen internacional de los colombianos.

La Colonización Antioqueña como origen de lo que será la época dorada del café tiene también en el Brasil un caso análogamente similar. El auge cacaotero, principalmente en el sur de Bahía, terminó por ambientar la creación de las novelas más representativas de un escritor como Jorge Amado.

Esto es lo que precisamente la geografía humana podría incluir como una variable importante a la hora de hablar de la sicología regional, en este caso, del bahiano ilheense o, en el caso colombiano, de los paisas que terminaron por crear el Eje Cafetero. En nuestra próxima entrega, empezaremos a recorrer lo que fue esa estampida humana conocida como Colonización Antioqueña.


© La Nación