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El mal en el mundo de la política, el mal banal en Colombia

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Desprestigiar es ganar. Ese parece ser el nuevo principio de la contienda política contemporánea: las noticias falsas, los escándalos inflados, la manipulación mediática y la repetición obsesiva de consignas han sustituido al debate de ideas. Pero hay un error de cálculo: la ciudadanía ya no “traga entero”. Las convicciones se han convertido en guetos ideológicos, blindados por un efecto teflón que hace casi imposible persuadir al otro. Cada bando se habla a sí mismo, son cámaras de eco que se retroalimentan.

Tal como lo ha advertido Slavoj Žižek, la ideología no solo estructura lo que pensamos, sino lo que creemos que elegimos libremente. En ese escenario, los medios —tradicionales y alternativos— han dejado de ser puentes para convertirse en trincheras. Quien consume ciertos contenidos ya no busca información, sino confirmación. El debate público se degrada en un ruido ensordecedor; nadie escucha, todos........

© La Nación