Una herida que sigue abierta
El Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD) nació hace 15 años. El asesinato de Juan Francisco Sicilia Ortega, hijo del poeta Javier Sicilia, y otras seis personas, detonó un movimiento que estremeció al país. La guerra contra el narcotráfico fue repudiada de manera masiva. Por primera vez, a escala nacional, los estragos de esa guerra tomaron rostros humanos. El relato oficial se resquebrajó.
Marchas, caravanas, diálogos con autoridades e iniciativas políticas dieron vida a un movimiento que logró concatenar a las agrupaciones locales que antes habían actuado denunciando feminicidios y masacres. A la distancia, el MPJD puede comprenderse como una bisagra entre las movilizaciones civiles que apoyaron al zapatismo décadas antes y los movimientos como el YoSoy132 y la lucha por la presentación de los 43 normalistas de Ayotzinapa.
Luego de una escalada de movilizaciones realizadas en su primer año de existencia, para evitar la confrontación directa con un gobierno que le cerró todas las puertas, el MPJD apostó a convertirse en un interlocutor entre las víctimas y el Estado. Se diluyó. Fue rebasado por organismos de derechos humanos con mayores estructuras y reconocimiento estatal, que encontraron en este nuevo sujeto una........
