Trump, Groenlandia y la impotencia de los europeos
Aunque pareciera difícil de creer, desde que la repentina subida de tono por parte de Donald Trump que, surfeando en la ola de la euforia conquistadora después de su raid a Venezuela, amenazó a invadir militarmente a Groenlandia –la isla más grande del mundo, ubicada estratégicamente en el Ártico y una nación constituyente autónoma dentro del reino de Dinamarca, rica, igual que la mencionada nación caribeña, en recursos minerales–, dejando a las élites europeas completamente estupefactas y, aparentemente, sin ninguna idea de lo que estaba pasando, la situación se ha vuelto aún más surreal.
No sólo atónitos, los líderes europeos se vieron de repente forzados a luchar en dos frentes: tratar de mantener desesperadamente a los “malos” Estados Unidos fuera de Groenlandia y a la vez a seguir tratando de mantener a los “buenos” Estados Unidos dentro de Ucrania todavía lo más que se pueda (y, junto a esto, dentro de la OTAN porque, claro, “en tres semanas los tanques rusos van a estar en París”), sino que, juzgando por sus declaraciones en la cumbre de Davos, estaban observando cómo el mundo que conocían se estaba desvaneciendo live.
Toda esta disonancia cognitiva y el pánico en las cimas del poder se hubieran podido evitar si las élites europeas hubieran prestado un poco más la atención a la historia y al presente. Si hubieran abandonado −o al menos empezado a cuestionar− su visión idealizada de Estados Unidos como “una potencia........
