Una sensibilidad subterránea
Nunca se sabrá qué fue más humillante para la cerda de Falisiere, si la pena de muerte que se le decretó por un crimen no del todo explicado o el hecho de que la hayan llevado al cadalso vestida con ropajes humanos. En 1386, en la localidad de Falisiere, un pequeño poblado situado en la baja Normandía, se escenificó un juicio contra una cerda acusada de atacar a un niño. Durante nueve días de deliberaciones, con la cerda siempre presente escuchando el juicio (se desconocen los argumentos de la defensa, por ejemplo, si actuó en defensa propia frente a una amenaza circundante), fue condenada a morir en una ejecución pública. Para ello, se le vistió con ropas de un ser humano y la pena sumaria se llevó a cabo frente a un centenar de cerdos con el fin de que “aprendieran la lección”.
Algo similar aconteció con el misterioso huevo que puso un gallo. En 1474, en la ciudad de Basilea, un gallo fue procesado penalmente por haber cometido el “inusual crimen” de poner un huevo. Se temía que del huevo naciera una criatura con “dudosas intenciones”. La nueva historiografía ecológica ha encontrado que varios papas excomulgaron a plagas enteras para obligarlas a que abandonaran ciertas regiones. Hacia 1510, el abogado Barthélemy de Chasseneuz se........
