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La erudición ha muerto

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El tema es tan recurrente que ya aburrimos quienes nos quejamos, alarmamos, hacemos preguntas serias, tal vez anacrónicas y fuera de lugar. Hoy enfrentamos cambios tecnológicos que impactan en todo, desde las rutinas comunes y los caprichos inútiles a la exploración del conocimiento y la aplicación cósmica o infinitesimal de las capacidades humanas, potenciadas por la ampliación de la mente al subrogarla a máquinas y microcircuitos. ¿Toparemos pared, o no hay límite?

Las generaciones recientes nacen cada año más adentro de la nueva matriz civilizatoria global, falsamente igualitaria o emancipadora, pero que genera suficientes espejismos para que nadie lo note, y menos si ocupan el último eslabón en la cadena alimentaria, donde el hombre es lobo del hombre. ¿Cómo enseñarles el valor vital de la comunidad humana y la dignificación del trabajo, el pensamiento, la creación y el aprendizaje real?

Da la impresión de que la gente ha dejado de aprender. Ya no hace falta. No me refiero sólo a la educación formal o familiar. Nos volvemos impermeables a las enseñanzas de la vida. Para qué memorizar, entrecruzar ideas, elaborar análisis, experimentos, reflexiones, y sacar conclusiones. Basta presionar unas cuantas teclas físicas o sublimadas para obtener la respuesta a cualquier........

© La Jornada