Conocimiento, negocio y muerte
Todo indica que, tarde o temprano, el cambio climático acabará, si no con todos, con la mayoría de nosotros. Se avecina una suerte de tormenta perfecta, con la asistencia meteorológica de El Niño y La Niña, para hacer del calentamiento global por efecto humano un evento a escala telúrica con impacto en la biosfera. El antropoceno, como lo llaman con creciente indignación antropofóbica los defensores ambientales más radicales y animalistas, sublimando a escala global aquello de que entre mejor conoces a tu perro, más gorda te cae la gente.
Por innegable que el fenómeno resulte para la razón, apoyada en el rigor científico, abundan los negacionistas, que poco importarían si no ocuparan algunos (personas no muy brillantes ni educadas por cierto) los puestos más altos en el poder político y económico del mundo. Ellos se han encargado de frenar e impedir los esfuerzos para compensar o disminuir los efectos controlables que se conocen y dieron pie a documentos mediocres como El Protocolo de Kioto (1997), que al nacer ya era letra muerta, tomó otros siete años para entrar en vigor y hoy, en los hechos, es irrelevante.
Nos encontramos en un momento crítico para determinar los límites de la ciencia. Equivale al amanecer nuclear de 1945. Los límites, no tanto del........
