La lenta agonía del consenso proisraelí en Europa
La Unión Europea es «la jefa de todos los cobardes», declaró Amnistía Internacional (que no se caracteriza precisamente por su valentía) en un contundente comunicado publicado el 21 de abril. La condena fue una respuesta directa al fracaso sistemático del bloque europeo a la hora de romper relaciones con Israel durante la reunión del Consejo de Asuntos Exteriores celebrada en Luxemburgo.
A pesar de meses de advertencias legales, la UE volvió a anteponer la seguridad procedimental a la urgencia de la vida humana.
Los esfuerzos para presionar a la UE a que adoptara por fin una postura moral fueron liderados por una coalición formada por España, Irlanda y Eslovenia, a la que más tarde se unió Bélgica. Argumentaron que el Acuerdo de Asociación UE-Israel --el marco jurídico que rige sus relaciones comerciales-- se basa en el «respeto a los DDHH». Mantener este acuerdo mientras continúan las violaciones extremas en la Palestina ocupada equivale a vaciar de sentido los propios tratados fundacionales de la UE.
Una decisión de este tipo, aunque tardía, habría reportado un bien importante. Habría restaurado en cierta medida la credibilidad destrozada de la UE y reavivado el debate sobre el derecho internacional. Y, lo que es más importante, habría puesto en marcha una serie de medidas concretas para exigir responsabilidades a Israel y habría proporcionado a la población palestina una sensación tangible de esperanza. Sin embargo, nada de eso ocurrió gracias a la presión ejercida por Alemania e Italia. Estas naciones actuaron como escudo diplomático protegiendo al régimen de Netanyahu de las consecuencias.
La postura alemana sigue siendo coherente con la defensa intransigente de Israel por parte de Berlín, una postura que se ha mantenido incluso........
