Crítica geopolítica del canal de Panamá
El 20 de enero de 2025, Trump fue claro en su toma de posesión como Presidente de EEUU: "China está operando el Canal de Panamá. Y nosotros no se lo dimos a China. Se lo dimos a Panamá y vamos a recuperarlo".
Esa frase, más allá de sus imprecisiones, expresa dos lógicas geopolíticas superpuestas.
Por una parte, la de la geopolítica "clásica", en la que la geografía --en este caso, la ubicación de Panamá-- determina el destino de cada actor, y en la que únicamente los Estados --en este caso China y EEUU, dos "grandes potencias" y no Panamá, un pequeño país-- parecieran tener entidad suficiente como para ser considerados "actores".
Por otra parte, está la lógica de la geopolítica "prescriptiva" (denominación aquí sugerida por el autor del texto) en la que importa menos comprender una realidad, que identificar estrategias para intervenir sobre esa misma realidad.
En esquemas como el descrito, el denominador común es una geopolítica que funciona menos como una herramienta analítica rigurosa y más como un instrumento político-ideológico al que se le intenta revestir de "autoridad" científica.
El resultado suelen ser narrativas abigarradas que organizan el objeto de estudio de acuerdo a las expectativas de quien las produce. En esa línea suelen ir los análisis que acaban condicionando las discusiones geopolíticas en América Latina y el Caribe. Aquí se trata de demostrar que, la crítica, puede/debe ir por otro lado.
¿Cómo desenredar la madeja?
Comencemos por el relato cronológico de lo sucedido, en relación al Canal, desde la toma de posesión de Trump. Uno de los primeros viajes de trabajo emprendidos por Marco Rubio, su actual Secretario de Estado, fue a Panamá.
Lo que le siguió fue una cuidada narrativa... En su primera reunión con el actual Presidente del país, Rubio exigió "cambios inmediatos" para reducir la supuesta "influencia china" sobre el Canal, advirtiendo que, de lo contrario, EEUU tomaría las "medidas necesarias".
El razonamiento subyacente era la "posibilidad" --nunca seriamente demostrada-- de que China transformara su "influencia" en una nunca muy bien explicada "presencia militar".
En ese marco, BlackRock (la gestora de activos más grande del mundo, con fuertes vínculos con Trump) le realizó una oferta de 22.800 millones de dólares a la empresa CK Hutchinson, de Hong Kong, para comprarle la gestión de 43 puertos en 23 países, incluyendo los de Balboa y Cristóbal, a la entrada y salida del Canal de Panamá.
Geopolítica de altos vuelos realizada, a través de actores multinacionales no estatales, a espaldas de la República de Panamá.
CK Hutchinson, detalle no menor, administraba los puertos del Canal desde que, dos años antes de la retrocesión a Panamá ganara --en 1997-- una licitación internacional en la que participaron empresas estadounidenses y a la que, en ese momento, nadie en EEUU le concedió la importancia estratégica que actualmente le concede Trump.
Las negociaciones con BlackRock, con todo, se estancaron; fue entonces cuando la Corte Suprema de Panamá declaró inconstitucionales las leyes que le permitían a CK Hutchinson operar los puertos del canal (por "limitar la soberanía del Estado [panameño] sobre sus recursos........
